Mortal Engines es una aventura de ciencia ficción basada en el libro homónimo de Phillip Reeve, que se muestra visualmente imponente pero se desluce en el peso de la narrativa.
Mortal Engines tiene una producción bastante curiosa. Gran parte de la publicidad que Universal le dedicó está enfocada a Peter Jackson, el celebre director de El Señor de los Anillos y El Hobbit, que estuvo trabajando hace casi una década en este relato de ciencia ficción y futuro distópico basado en la saga literaria de 4 libros creada por Phillip Reeve. Sin embargo, en algún punto de este proceso el cineasta neozelandés relegó la silla de director a su colega y amigo Christian Rivers (que debuta en el puesto), para abocarse a las tarea de productor y guionista, algo que en la entrevistas promocionales de este film aseguró que siente “más presión al escribir un guion que al dirigir una película”.
Con este marco, la ecuación resulta sencillamente atrapante: un relato fantástico basado en una saga literaria con críticas positivas y Peter Jackson involucrado, ¿qué puede salir mal?
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Pongamos en contexto sin entrar en el terreno de los spoilers. Mortal Engines nos mete de llenó en un mundo post-apocalíptico ambientado cientos de años después de que la Tierra sufra la “Guerra de los Sesenta Minutos”, conflicto en el que la humanidad, por el afán de superar su poder armamentístico, creó una devastadora arma que desestabilizó las placas tectónicas del planeta y gran parte de la civilización fue destruida para siempre.

Las pocas ciudades que quedaron en pie dejaron de ser simples urbes estáticas para transformarse en enormes máquinas en movimiento, modificando la sociedad para siempre, bajo una premisa en la que solo sobrevive los pueblos más fuertes, donde el grande se come al chico (hay muchas comparaciones en toda la película con todas las teorías darwinistas), premisa que queda asentada en los primeros minutos del film, cuando una imponente Londres se devora literalmente a un pequeña ciudad, quedándose con todos sus recursos para seguir subsistiendo.

En este marco, donde las alusiones al consumismo y el poder imperialista se denotan no solo en la dirección de arte sino también en cómo se encausa la trama, nos presenta a Hester Shaw (Hera Hilmar) una renegada que llega a Londres con el fin de vengar a su madre asesinada a manos de Thaddeus Valentine (Hugo Weaving) uno de los hombres más importantes de la ciudad y quien se posiciona como el villano central del film. En medio de esta cruzada, Shaw se cruza con Tom Natsworthy (Robert Sheehan), un joven historiador apasionado por los misterios de los Antiguos (como llaman a los humanos que vivieron antes de la debacle) y todo el plan termina fracasando. Luego de algunos escapes y revelaciones, este dúo terminará embarcándose en una aventura que los llevará por diferentes rincones del planeta para, además de completar el plan de venganza de la protagonista, meterse de lleno en una guerra que lleva varios años desarrollándose, entre distintas facciones que ven con una mirada diferente cómo se tiene que llevar a cabo la relación entre los pueblos sobrevivientes.

Mortal Engines tiene un arranque muy prometedor. Imponiendo desde el vamos su potencia audiovisual, la película no escatima un detalle para demostrar con esa estética steampunk y un esencia muy Mad Max este mundo retrofuturista, donde la desolación del planeta convive con estas colosales bestias. En estos aspectos es dónde se puede ver la mano de Peter Jackson, un experto de mostrar estas obras de artes en movimientos y unos paisajes son una inyección inmersiva para que toda su ambientación nos llame la atención.
Sin embargo, cuando la historia comienza a fluir es precisamente el momento donde la película empieza a perder fuerza. Los dos principales ejes donde se asienta sus principales debilidades son claves para que Mortal Engines no terminé de funcionar. El primer punto es la predictibilidad de los acontecimientos; quizás porque el argumento toma elementos de otros relatos conocidos, pero en casi todo momento estamos un paso adelantado a lo que Mortal Engines nos va contando y eso le quita mucha chispa a esa inmersión que tanto logra cautivar con sus logrados efectos y ambientación.

El otro gran problema de esta adaptación literaria es justamente su errónea incorporación de elementos, utilizando demasiadas subtramas y sumando demasiados personajes secundarios que nunca terminan de presentarse como corresponde, apareciendo en el caso de algunos por brevísimas escenas para después no tener connotación alguna, mientras que otros tienen una importancia ilógica en comparación a su desarrollo en la historia. Esto es algo que llama la atención proveniendo específicamente de Peter Jackson como guionista, una persona que supo encausar la trilogía de El Señor de los Anillos, manteniendo la esencia y los conceptos principales de los libros en una producción cinematográfica impecable.

En el producto final, Mortal Engines no termina siendo una mala película, cuenta con buenas actuaciones y una química interesante entre los protagonistas, y las graves falencias argumentales pueden dejarse a un lado si nos sumergimos en las fantasiosas imágenes y secuencias de acción, pero será una película que olvidaremos con bastante facilidad. Es una oportunidad desperdiciada para explorar un interesante universo que en su versión literaria consta de 4 libros. Lamentablemente, con los desastrosos números que está cosechando en taquilla, la idea de convertir está producción en el inicio de una saga quedarán enterradas.

