Devolver Digital sabe de nostalgia. Con claro ojo para los indies con ese “no sé qué”, esta distribuidora nos trae en esta oportunidad un plataformero lleno de acción y rompecabezas con reminiscencias noventosas intitulado Dark Scrolls.
Tema recurrente, si los hay, los videojuegos modernos en estilo pixel art. Un poco de nostalgia, una limitación técnica/económica y/o una apuesta artística han convergido centenares de veces en estos últimos tiempos para traernos videojuegos al mejor estilo NES, Sega Mega Drive o Arcade. Han quedado en la memoria colectiva solo aquellas propuestas que han podido trascender el mero diseño simplificado de mundos fantásticos. De la mano de Doinksoft, un pequeño estudio de Oregon, EEUU, y Devolver Digital, aliado de los indies, Dark Scrolls llega con ideas concretas y un aura inconfundible que no pasa desapercibida.
Vivimos en una era de uso y abuso del término nostalgia. No será la única, pero sí es una época en la que jugadores y espectadores recurren asiduamente a productos de su infancia, y lo “nuevo” se monta (a veces, excesivamente) a partir de lo viejo para acariciar esa sensación bucólica de que “lo viejo funciona”. ¿Es la estética? ¿Son los compases en 8 bits? ¿La simplicidad? No hay un punto preciso para transportar al jugador a su infancia o época dorada. En esa línea, Dark Scrolls tiene una tesis clara y una ejecución precisa para tratar de demostrarla. ¿Lo logra? Veamos la experiencia de esta entrega en versión Nintendo Switch (también disponible en Steam).
Un extraño mundo de fantasía
A primera vista, Dark Scrolls es una aventura fantástica en tiempos medievales. Guerreros, hechiceros y criaturas animadas pueblan este plataformero frenético que se ahorra el bombardeo de trama y pone al jugador directo en la acción. Esto es, en definitiva, un primer guiño a épocas en las que cartuchos con memoria limitadísima obligaban a realizadores a balancear jugabilidad con historia, so pena de perder la atención del jugador. En Dark Scrolls, esta excelente decisión viene acompañada de una segunda aun más incisiva: alterar las reglas de su propio universo. Lo que inicialmente parecía una tierra de la Edad Media se ve cuestionado por la aparición de zombis, alienígenas y hasta ratas saxofonistas. Así, el humor sardónico de Doinksoft es un componente fundamental de esta entrega.
Así y todo, Dark Scrolls no renuncia a una trama, pero sí la concentra en las posibilidades del jugador. Un recorrido relativamente corto (entre 6 y 10 horas aproximadas), el juego combina distintos recorridos en un mapa reducido, dividido por niveles, en los que los personajes pueden acabar en la guarida del enemigo o descendiendo al mismísimo infierno según la dirección que tome en cada nivel. Más aún, la elección de distintos personajes genera variaciones en la forma de los niveles, probablemente basadas en las posibilidades de cada uno de ellos (alcance de armas, velocidad de movimientos, altura de saltos, etc.). Así, la historia de Dark Scrolls no es tanto la sucesión de los hechos narrados sino la de las elecciones del jugador dentro de un marco nada desestimable de opciones.
Vuelta a las fuentes
Construir nostalgia es más complejo de lo que parece. No basta con reproducir imágenes aparentemente pretéritas; es necesario darle al jugador herramientas interactivas para retrotraerse a una era más sencilla. Dark Scrolls logra una jugabilidad digna de ese deseo de añoranza. Lo primero y principal son las acciones limitadas: un botón para avanzar y otro para atacar. Lo segundo es un nivel atiborrado de amenazas. Como buen plataformero que no perdona, quedarse quieto es penalizado, pero el movimiento constante es un arma de doble filo. Más aún, no hay segundas chances: perder implica volver al casillero uno. Esto no viene sin su cuota de frustración, pero es, a la vez, invitación al desafío constante, un atractivo para muchos jugadores.
Pero no todo es pasado en Dark Scrolls. A caballo de los distintos personajes y sus habilidades específicas (velocidad, tipo de ataque, altura del salto), los escenarios observan variaciones en cada repetición. Este mecanismo potencia lo que otrora podría resultar monótono o incluso prácticamente coregrafeado para el jugador, haciendo cada pasada única. Ese mix de pasado y presente se potencia en grupo, ya que la experiencia se disfruta mucho más entre amigos. Con opciones de cooperativo local o en línea, nada como una buena sesión en grupo para atravesar las implacables amenazas de este side-scroller que pone a la acción como historia.
Figuras y compases en pocos bits
Si bien la jugabilidad es el plato principal, todo el universo audiovisual de Dark Scrolls es parte fundamental de la mise en place. El equilibrio está en el diseño de personajes sencillos, en sprites minimalistas que condensan los arquetipos: magos con capa y sombrero alto, guerreros trenzados con hachas, zombies de mirada perdida, etc. El color de estos diseños es el justo, suficiente para darle vivacidad, pero no demasiado como para que el jugador tenga que estar atento a la amenaza constante de cada nivel. Al fin y al cabo, de eso sobrevivían los antiguos plataformeros, del uso justo y necesario de píxeles.
En lo musical, basta imaginar todo lo que uno recuerda de los clásicos de NES, Genesis y Super Nintendo para visualizar la banda sonora. Las partituras son potentes patrones, repetidos af infinitum, algo que podrá irritar a algún que otro jugador joven, pero evocará épocas épicas para los más veteranos. En toda justicia, componer este tipo de melodías que sobreviven a la reiteración más o menos airosamente es una proeza que pocos compositores modernos logran hoy. Así, muchos pueden cerrar los ojos y sentirse en un oscuro sótano familiar o comercial luminoso, rodeado de fichines y pantallas luminescentes; un verdadero viaje al pasado.
Dark Scrolls ¿Vale la pena?
Unos pasos antes de un veredicto, cabe preguntarse qué es Dark Scrolls. En resumen, es una desafiante plataformero que combina lo mejor de una época más simple (en términos de capacidades técnicas) y pequeños aditivos propios de cuarenta años de desarrollo de videojuegos. El resultado es una atrapante aventura, tanto para el jugador solitario como las bandas de amigos en línea o en el mismo sillón, que constituye una de esas auténticas cartas de amor a la era de los pocos bits. El cariño y modestia detrás del desarrollo de Doinksoft dejan poco librado al azar y contabilizan las fallas con los dedos de una mano, con suerte.
La pregunta sucedánea es el atractivo que un 8-16 bits moderno puede tener en un público más amplio. No hay respuestas claras a esto, y prima facie, quizás Dark Scrolls sea un poco más del gusto de nicho, de aquel público que valora la nostalgia a la hora de elegir qué jugar. Esto no es en desmedro de la calidad breve, pero valiosa, de un desarrollo independiente que tiene personalidad, ingenio y valor de rejugabilidad. Dark Scrolls es un recordatorio de que, en medio siglo de historia de gaming, algunos lenguajes que sentaron las bases de nuestra actualidad gamer están totalmente vigentes.
Dark Scrolls combina lo mejor de una época más simple con pequeños aditivos propios de cuarenta años de desarrollo de videojuegos. Una atrapante aventura con personalidad, ingenio y valor de rejugabilidad, que funciona como una auténtica carta de amor a la era de los pocos bits.







