Nintendo Switch 2 sigue llamando a la mesa a sus hijos predilectos. Splatoon, aquella aventura de salmónidos, pulpos y pinturas de colores, llegó a la última generación de consolas con una apuesta centrada en el jugador individual.

No todo es Mario, Zelda y Donkey Kong. Nintendo sabe que su futuro depende en parte de la expansión de su portfolio de personajes si quiere continuar con su reinado. Los intentos por renovar su flota tienen éxito relativo, pero una de sus propiedades intelectuales de esta última década logró trascender luego de tres entregas. Hablamos de Splatoon, la franquicia que reclamaba un rol más elaborado en el firmamento de aventuras ATP que solo Nintendo sabe ofrecer.

La naturaleza de Splatoon era, hasta ahora, esencialmente multijugador. Las intensas competencias de pintura catapultaron el ascenso de la franquicia. Sin embargo, Nintendo entendió que, para dar el paso a triple A auténtico, era necesario nutrir la historia para campañas solitarias sin dejar de ofrecer la diversión grupal a modo complementario. El resultado fue Splatoon Raiders, un interregno entre la tercera entrega y el desarrollo de la próxima iteración multijugador. No se trata de reinventar la fórmula, pero tampoco es más de lo mismo. ¿Qué es Splatoon Raiders, entonces? Analicemos este exclusivo de Nintendo Switch 2 a la luz de los hechos.

Un poco de trama y a salir a la cancha

 

En toda justicia, Splatoon ya había experimentado con campañas para un solo jugador antes. A modo de aventura breve, o en un DLC, los desarrolladores ya habían aprovechado las mecánicas para tantear el terreno, pero en Splatoon Raiders, el equipo detrás decidió hacer all in y narrar una historia al mejor estilo Nintendo. La premisa es sencilla: una isla misteriosa, un equipo heroico de personajes disparatados y excusas para explorar, buscar tesoros y vencer villanos. Con alto grado de personalización, el jugador diseña su personaje y su herramental para la batalla, balanceando estrategia con fuerza y velocidad. Armado el equipo, el jugador sale a la cancha a una serie de desafíos que tienden a repetirse: batallas infinitas, encontrar tesoros, vencer algún que otro boss y pruebas de destreza. Todo ello nos va acercando al anecdótico misterio principal de la isla emergida que da marco a la historia.

Dicho de otra manera, Splatoon Raiders no se destaca por su trama, pero eso rara vez ha sido una barrera para grandes entregas. En efecto, la subtrama de los Inklings y Octolings, criaturas que pueblan este universo, es apenas una excusa para la exploración. Esto no quiere decir que sus personajes carezcan de personalidad ni mucho menos, pero el relato puede omitirse casi en su totalidad sin perder el hilo del juego, eje central de la entrega. Más aún, la ausencia de voces inteligibles (Splatoon tiene su propio idioma, un verdadero lore en términos creativos) obliga al jugador a leer textos y textos que pueden resultar irrelevantes, pero para aquellos que prefieren historias elaboradas, no es por acá.

El arenero de pintura, a disposición del jugador

Decir que Nintendo es experta en reciclaje puede sonar peyorativo, pero hay un grado de creatividad en su recauchutado. Hace unos años, con la excusa de la reedición de Super Mario 3DS Worlds, la compañía experimentó con una pequeña side quest titulada Bowser’s Fury, una reutilización de todas las dinámicas del original en una historia de un solo jugador. El exitoso resultado del arenero (o sandbox) recauchutado sustentó la teoría de que una buena jugabilidad excede a una entrega. Hoy, Splatoon Raiders toma nota de ello y expande en sus experimentos iniciales para convertir la franquicia en estrella. Así, quienes conocen la saga quizás vean poca innovación en la forma de jugar, pero no hay que buscar novedad allí. Se trata de la vigencia y potencial dinámico y expansivo de las mecánicas que supieron inventar.

Entonces, Splatoon Raiders es más de lo mismo, bien entendido. Tenemos a nuestro protagonista customizado y nuestro stock de pintura. Podemos atravesar el mapa a pie o a nado gastrópodo cromático. Se suma un pequeño asistente no jugable basado en los personajes secundarios que facilita el combate con villanos y el acceso a recónditos rincones del mapa. Si bien la experiencia es sofisticada, hay un factor que resulta un arma de doble filo: la cámara giroscópica. En líneas generales, el uso de dos Joy-Con es bastante fluido, pero a la hora de jugar en modo portátil, la cosa cambia. Andar manipulando la consola para apuntar puede volverse tedioso de tanto en tanto, y la customización de la sensibilidad hace poco por equilibrar esto, pero resta una incógnita sobre la cámara que debería ser resuelta para la próxima entrega de la saga. Fuera de eso, Splatoon Raiders entiende que las mismas notas pueden generar nuevas armonías en los acordes correctos, una muestra auténtica de ingeniería de diseño. Y si aquellos compases resonorizados generan nostalgia, todavía existen las opciones multijugador, tanto en línea como cooperativo/competitivo local, por lo que todos los frentes están cubiertos preventivamente.

Más color y ritmo, menos detalle

Si hubiera que localizar los ingredientes del éxito en Splatoon, no se podría dejar afuera su propuesta audiovisual. La colorida textura de este mundo pegajoso sobresale de la pantalla desde el día uno y su pop del siglo XXI es un recordatorio de que Nintendo dialoga con su época más allá de sus clásicos. Así, Splatoon Raiders ratifica la vigencia de la franquicia con las imágenes y sonidos frenéticos que le permiten entrar en su adolescencia. Como tal, su búsqueda de identidad está en proceso aún, y en línea con su estilo arenero experimental, no es tanto lo nuevo como lo vigoroso de sus ritmos y vistas.

La contracara de esa adolescencia se ve reflejada en las limitaciones técnicas de la Switch 2. Si bien la mayoría de los paisajes de Splatoon Raiders brillan cromáticamente, algunas texturas ocasionales parecen requerir una o dos capas más de detalle que quizás Nintendo aún no puede brindarles a sus consolas. Nada de eso empaña la jugabilidad descrita, ni le quita (demasiada) nitidez a la consistencia viscosa tan característica y palpable que supo lograr desde el día uno de la saga y que engalana la potente banda sonora de Splatoon Raiders.

Splatoon Raiders: el veredicto

Ante todo, Splatoon Raiders cumple con lo fundamental de un buen videojuego: es entretenido, lo cual no es poca cosa. Su oferta reúne tanto a primerizos como a expertos, se ajusta a diferentes dificultades y se mantiene flexible para casuales y recurrentes. La novedad no es su factor principal, y eso no le juega en contra. Un buen reordenamiento de materia prima valiosa resulta un valor en sí mismo, y esta entrega demuestra que Splatoon no tiene nada que envidiarles a sus coestrellas veteranas. Al contrario: es necesario más Splatoon autónomo, con aventuras y mundos fantásticos propios.

Se trata, al fin y al cabo, de una franquicia en maduración, yendo en la dirección correcta, con algunos pasos más firmes que otros. El potencial se ha visto y hay promesa, aun si Splatoon Raiders no sea el ejemplar que quieras compartir con la persona a la que quieras atraer al mundo de moluscos multicolores. Nada de eso arruina una experiencia divertida, la verdadera razón por la que uno se sienta a jugar en primer lugar.

7.0

**Splatoon Raiders** toma las mecánicas que hicieron grande a la franquicia y las convierte en una aventura para un solo jugador tan entretenida como prometedora. Sin reinventar la fórmula, demuestra que un buen reordenamiento de ideas puede sostener una experiencia divertida, aunque la repetición, la cámara y algunos detalles técnicos impidan que alcance todo su potencial.

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Nunca NO estoy esperando otro Mario. Si mis cálculos fueron correctos, recibirás esta carta inmediatamente después de ver al DeLorean alcanzado por el rayo.

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