Iron Galaxy Studios continúa el legado de las leyendas del patinaje con Tony Hawk’s Pro Skater 3+4, una remasterización/remake que mantiene la esencia del anterior bundle.
Después de gastar los tracks con Tony Hawk’s Pro Skater 1+2, la pregunta que surgió indefeciblemente (un poco por ansiosos y otro poco por querer más dosis de la franquicia) es, ¿cuándo iba a llegar su continuación para completar toda la saga original). Activision no tardó en confirmar el desarrollo de Tony Hawk’s Pro Skater 3+4, pero su remasterización/remake pasó primero por Vicarious Visions, que abandonó el proyecto tras el pase de manos a Blizzard y la responsabilidad quedó en manos del equipo de Iron Galaxy Studios, que curiosamente participaron activamente de THPS 1+2. Tony Hawk’s Pro Skater 3+4 no necesitaba reinventar la rueda, sino mantenerla girando con estilo. Después de la aclamada vuelta de THPS 1+2, la expectativa era altísima, y lo que entrega Iron Galaxy Studios es, para decirlo mal y pronto, una piña directa a la nostalgia pero con protección moderna. Desde el primer kickflip se siente como volver a casa: los controles responden con una precisión quirúrgica, los niveles explotan de vida sin perder esa estética grunge de los 2000 y la jugabilidad está tan aceitada que pareciera que el tiempo nunca pasó.
5 años después de la primera entrega Tony Hawk’s Pro Skater 3+4 llega con una ambición clara: mantener viva la chispa de los títulos más icónicos del skate arcade, mientras se anima a reimaginar parte de su estructura para nuevas generaciones. La propuesta, lanzada en todas las plataformas actuales (incluida Nintendo Switch 2), es un híbrido entre remake y remaster que busca el equilibrio entre fidelidad y renovación. Y en este intento de grindear en ambos conceptos, trae muchos aciertos que apuntan directamente a capitalizar a una nueva camada de jugadores, ya que los soldados de la década del ’90 que crecieron con estos juegos solo basta con escuchar su soundtrack, elegir a nuestro skater favorito y dejar que los dedos recuerden de forma natural las interminables sesiones con combinaciones de trucos cada vez más extensos para transformarnos en los reyes de la tabla.
Como estar en casa
El gran acierto inicial de Iron Galaxy Studios con Tony Hawk’s Pro Skater 3+4 es ese mismo autoreflejo que generó THPS 1+2, agarrar el control y en cuestión de segundos transportarte a casi 25 años en el pasado y descubrir que la magia sigue completamente intacta, abandonando completamente la nostalgia con un juego rehecho desde cero cuidando la mayor cantidad de detalles para mantener la experiencia original lo más curada posible pero sí también con el lineamiento de ser un poco más abiertos en varias decisiones de cómo encaramos las campañas de ambos juegos, siempre con ese toque rogue-lite en el aire, y la composición en el diseño de algunos níveles, que no todos mantienen un reflejo al 100% sino que se toman ciertas licencias para modernizar todo.
Ese primer contacto con el juego nos muestra que todo está como lo recordamos: esa entrada a Foundry, con sus rieles oxidándose entre fuego y metal, o el aeropuerto de Los Ángeles con su loop frenético de pasajeros. Visualmente, los escenarios tienen un lavado de cara notable. Las texturas en 4K, el HDR y la iluminación dinámica hacen que los entornos no solo luzcan modernos, sino también más vivos. No se trata de una simple mejora técnica: hay una dirección artística que respeta el ADN original pero lo lleva a una nueva dimensión. Sin embargo, más allá de lo estético, lo que vuelve a brillar es la jugabilidad: controles ajustados al milímetro, físicas que combinan realismo con esa dosis justa de arcade y una fluidez que convierte cada combo en una coreografía de botones bien ejecutada.

No hay input lag, no hay sensación de peso fantasma. Cada truco, cada manual, cada grind, se siente como una extensión del skater. Es ese tipo de juego que, si lo soltás por unos días, al volver parece que tus dedos se acuerdan solos. La base es la misma que nos maravilló en THPS 1+2, pero se nota un trabajo de refinamiento que se siente hasta en los más mínimos ajustes. Hacer spine transfers, encadenar wallrides o meter un combo interminable entre quarter pipes es orgánico, adictivo y, sobre todo, desafiante. Acá no hay lugar para improvisar sin pensar: cada movimiento tiene peso, cada error se paga, pero cada acierto te hace sentir imparable.
Lo que realmente lleva la experiencia a otro nivel es la libertad que da para resolver cada escenario. Cada nivel es un sandbox de posibilidades: podés ir a lo rápido y seguro, o perderte buscando cómo hacer un wallplant que te catapulte a un grind imposible, encadenarlo con un revert, clavar un manual y de ahí a otro quarter. Y eso sin contar la cantidad obscena de trucos que hay disponibles. No importa si sos de los que priorizan estética o eficiencia: hay margen para jugar como vos quieras.

El diseño de los skaters y el escaneo facial terminan quedando un escalón por detrás a comparación de lo vivo que se sienten los escenarios, pero la gran cantidad de elementos cosméticos para comprar lo hacen detalles “perdonables” cuando la vara de la crítica golpea con fuerza.
A diferencia de THPS 1+2, que recreaba nivel por nivel con mínima intervención en la estructura, 3+4 toma decisiones más osadas. La decisión estructural más tangible es cómo se unificó la lógica de ambos juegos. Mientras que THPS 3 ya venía con los famosos objetivos por tiempo, THPS 4 en su versión original abandonaba el reloj y optaba por un mundo más abierto con NPCs y misiones sueltas. Acá, ambos títulos se adaptan a un formato tradicional de “misiones por niveles” cronometradas, lo cual si bien genera coherencia interna, también elimina parte de la esencia que hacía única a la cuarta entrega. Esto se toma como una decisión de unificar de criterios y que haya cohesión en cómo presentar ambas campañas, a pesar de caer en la mirada de los más puristasnido es abundante.

Todos los niveles de THPS 3 y THPS 4 están presentes, con el agregado de tres nuevos mapas: Waterpark, un parque acuático abandonado que funciona como carta de amor a las estructuras verticales; Movie Studio, donde el juego se anima a mezclar sets cinematográficos con obstáculos imposibles; y Pinball, un nivel secreto que es, literalmente, una gran máquina de pinball jugable. Niveles nuevos que no solo buscan ofrecer un regalo extra a los fans que se saben el juego de memoría sino para dejar en claro que hay un margen bastante grande para volverse creativos y presentar nuevos escenarios de todo tipo. En total, el bundle ofrece de minima unas 13 horas de contenido fresco para completar ambas campañas, y si eso lo repetimos con todos los skaters para completar al mango todos sus stats y coleccionables, hablamos de más de 70 horas de duración para los verdaderos fanáticos de completar todo al 100%.
El modo multijugador regresa con los clásicos Trick Attack, Graffiti y Combo Mambo, pero también con algunas sorpresas como Hawk, un modo cooperativo con objetivos compartidos. Y si algo se aplaude, es la implementación de crossplay entre plataformas, que mantiene viva la competitividad más allá del hardware.
En cuanto a contenido extra, el editor de parques fue profundamente modernizado. Crear, testear y compartir niveles es más intuitivo que nunca, con una comunidad activa que ya está subiendo pistas inspiradas en skateparks reales, escenarios urbanos y, por supuesto, mashups imposibles. Lo mismo sucede con Create-a-Skater, que permite personalizaciones al límite, tanto visuales como técnicas. A esto se le suma una robusta modalidad “Solo Tour”, ideal para quienes quieren desbloquear todo sin depender del online.

El apartado sonoro es, quizás, el que más debate genera. Tony Hawk supervisó personalmente la curaduría de la banda sonora, que combina temas originales con canciones nuevas. Hay clásicos que se mantienen, como “Ace of Spades” de Motörhead o “, pero también una fuerte presencia de artistas emergentes que aportan frescura y diversidad. Personalmente siento que muchas canciones de los juegos originales brillan por su ausencia (como Wish” de Alien Ant Farm, que el propio Tony Hawk decidió eliminar) y si bien es genecial la combinación del punk rock clásico de los ’90 / principios del ‘2000, siento que algunas canciones no cuadran con la esencia del juego (esta última línea escrita en modo “Anciano le grita a una nube”, pero es inevitable).
Si hay algo que Tony Hawk’s Pro Skater 3+4 acierta con precisión quirúrgica es su jugabilidad. No importa si sos un jugador veterano que pasó la adolescencia perfeccionando reverts en Los Angeles Airport o alguien que recién se sube al slkate: el control, la fluidez y la sensación de dominio progresivo hacen de esta entrega una de las experiencias arcade más satisfactorias de la última década. No se trata solamente de un juego de skate que se ve bien; es un sistema de movimiento, respuesta y ritmo tan bien aceitado que después de dedicarle decenas de horas, todavía te encontrás descubriendo nuevos caminos para armar combos imposibles.

Lo primero que salta a la vista —o más bien, a los dedos— es la respuesta de los controles. Cada movimiento tiene un feedback inmediato. No hay input lag, no hay titubeo: cuando apretás revert, pasa. Cuando encadenás un manual justo antes del borde de un bowl, sentís cómo la física acompaña con naturalidad. Iron Galaxy tomó la base sólida de THPS 1+2, la expandió, y la adaptó con una sensibilidad refinada para que cada grindeo, salto o wallride fluya como si lo hubieras entrenado en la vida real. Y ahí está parte de su magia: no es un simulador, pero logra algo más complejo, que es simular la sensación de estar completamente en control de tu propio estilo.
En ese sentido, la versatilidad en la ejecución de trucos es asombrosa. Entre flips, grabs, grinds, reverts, spine transfers, wall plants, acid drops y skitching, el abanico de movimientos disponibles es enorme, pero nunca se siente abrumador. El sistema de combos permite enlazar maniobras en cadenas larguísimas, donde cada segundo cuenta y cada decisión en fracción de milésima puede determinar si hacés un combo de 5.000 puntos o uno de 500. Hay algo coreográfico en cómo se planifican las rutas por cada nivel: uno no solo patina, sino que diseña recorridos mentales, juega con la memoria muscular y con la intuición. Y después de un tiempo, cuando todo encaja, la experiencia se vuelve hipnótica.

Uno de las características más brillantes que siempre supo reflejar Tony Hawk durante gran parte de su franquicia es esa sensación que no existe una única estrategia para jugar los niveles, completar los desafíos e incluso decidir como jugar. Esa libertad que predomina en la cultura del skate se traslada al juego, y son detalles que en Tony Hawk’s Pro Skater 3+4 resaltan tras horas y horas de disfrutaelo. Esto también se traslada (algo que también vimos en THPS 1+2) es en la forma en que los niveles fueron rediseñados sutilmente para el modernizado sistema de trucos. Muchos de los escenarios originales ahora tienen pequeñas modificaciones que permiten explotar las nuevas mecánicas sin romper su esencia. Esto genera una experiencia de exploración técnica: ¿dónde puedo meter un wallride que me catapulte a ese grind elevado? ¿Qué combinación de spine transfer y manual me deja justo arriba del cartel que necesito romper? Hay una lógica de puzzle en la ejecución, donde la práctica afina el ojo y la constancia hace la diferencia.
El juego recompensa la creatividad. No se trata solo de cumplir objetivos, sino de cómo los cumplís. Podés llegar al mismo score con 100 rutas distintas, y eso alienta a rejugar niveles una y otra vez. A eso se le suma la personalización del estilo de cada skater, no solo en lo estético, sino en stats y tricks asignados. Si sos de los que prefieren grinds extensos o un aire largo para meter dos flips en vez de uno, el juego se adapta.
Después de más de 35 horas explorando al máximo todas las posibilades, THPS 3+4 no se siente repetitivo. Se siente tuyo. Porque la jugabilidad no solo está pulida al extremo, sino que logra lo más difícil: mantener la frescura, incluso cuando ya conocés cada rincón de los niveles.
Técnicamente, THPS 3+4 cumple con creces. En PlayStation 5 (la versión que jugamos para el análisis) corre a 60fps estables con tiempos de carga mínimos. Esta todo diseñado para que nunca dejes de patinar y pases lo más posible arriba de la table. Hay algunos bugs menores y ciertos elementos que se perdieron en el proceso, como personajes secretos o desafíos específicos, pero nada que rompa la experiencia de base. El rendimiento online es sólido, aunque el matchmaking aún puede tardar un poco en encontrar jugadores.

Un punto que vale la pena destacar es cómo se siente el paso del tiempo en el propio juego. Hay homenajes constantes a la cultura del skate actual: desde los nuevos skaters hasta las referencias en grafitis, ropa y estética general. Pero no por eso se olvida de sus raíces. Es una carta de amor al pasado escrita con tipografía del presente.
Y si hablamos de skaters, el roster es una fiesta para veteranos y nuevos jugadores. Regresan leyendas como:
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Tony Hawk
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Steve Caballero
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Bucky Lasek
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Kareem Campbell
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Elissa Steamer
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Chad Muska
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Rune Glifberg
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Andrew Reynolds
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Rodney Mullen
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Eric Koston
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Jamie Thomas
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Bob Burnquist
Y se suman figuras más recientes como:
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Riley Hawk
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Lizzie Armanto
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Aori Nishimura
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Leo Baker
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Tyshawn Jones
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Leticia Bufoni
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Nyjah Huston
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Sky Brown
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Shane O’Neill
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Zion Wright
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Jamie Foy
Conclusión
Comparado con Tony Hawk’s Pro Skater 1+2, esta entrega es menos reverente y más experimental. Si bien ambos juegos comparten una base jugable impecable, 3+4 se anima a reordenar piezas, a cortar con el molde exacto de lo anterior para ofrecer una versión “remixada” de sus clásicos. No siempre acierta, pero cuando lo hace, recuerda por qué esta saga definió una generación. En esencia, THPS 1+2 fue una carta calcada al pasado; 3+4, en cambio, es un diagrama intervenido: dibuja encima, corrige, reescribe. Y eso tiene valor.
Tony Hawk’s Pro Skater 3+4 no es un remake perfecto, pero sí es un juego redondo, pulido y lleno de vida. Uno que no solo invita a revivir viejas sesiones de skate en la consola, sino que también se abre paso entre una nueva camada de jugadoras y jugadores que quizá nunca disfrutaron del original o que chocan con los gráficos viejos. Es, en definitiva, un juego que entiende de equilibrio. Entre lo viejo y lo nuevo. Entre el grindeo técnico y la diversión pura. Entre la historia que fue y el presente que se sigue escribiendo sobre cuatro ruedas y un deck.
Comparado con Tony Hawk’s Pro Skater 1+2, esta entrega es menos reverente y más experimental. Si bien ambos juegos comparten una base jugable impecable, 3+4 se anima a reordenar piezas, a cortar con el molde exacto de lo anterior para ofrecer una versión “remixada” de sus clásicos. No siempre acierta, pero cuando lo hace, recuerda por qué esta saga definió una generación. En esencia, THPS 1+2 fue una carta calcada al pasado; 3+4, en cambio, es un diagrama intervenido: dibuja encima, corrige, reescribe. Y eso tiene valor.
Tony Hawk’s Pro Skater 3+4 no es un remake perfecto, pero sí es un juego redondo, pulido y lleno de vida. Uno que no solo invita a revivir viejas sesiones de skate en la consola, sino que también se abre paso entre una nueva camada de jugadoras y jugadores que quizá nunca disfrutaron del original o que chocan con los gráficos viejos. Es, en definitiva, un juego que entiende de equilibrio. Entre lo viejo y lo nuevo. Entre el grindeo técnico y la diversión pura. Entre la historia que fue y el presente que se sigue escribiendo sobre cuatro ruedas y un deck.
