El clásico animado de los 90 regresa en lo que es la mejor adaptación live-action de Disney hasta la fecha.
Seguimos recorriendo el camino de las adaptaciones live-action de Disney, uno que apenas comienza y que aún tiene mucho para dar de cara al futuro. De momento el trayecto venía siendo bastante irregular, pero Aladdín -tras sufrir unas cuantas críticas en la previa, sobre todo de la mano de la estética del Genio- levanta el nivel y es la primera de todas las que hemos visto que es digna de ser recomendada para grandes y chicos.
Para quienes no lo recuerden, esta historia nos lleva a territorio árabe para conocer a Aladdín, un ladrón que se enamora de Jazmín, la hija del Sultán. Mientras intenta conquistarla, el joven es atrapado por Jafar y llevado a una cueva que esconde un peligroso tesoro. Allí encuentra una lámpara y tras frotarla un Genio sale de ella para cumplirle tres deseos, aunque no todo es tan fácil como parece.
La campaña promocional de Aladdín no fue la mejor y es imposible negar que las expectativas no eran las mejores a la hora de entrar a la sala de cine. Los primeros minutos de la película no ayudan a levantar demasiado esa situación, compuestos por algunos diálogos bastante plásticos, escenas construidas con poco sentimiento y canciones metidas a la fuerza. Sin embargo, poco después la situación cambia y en todos aquellos lugares en los que habían sombras aparecen luces gracias a sus coloridos personajes. Varias de las secuencias de persecución, de hecho, se convierten casi en un dibujo animado pero con personas de carne y hueso (aunque no terminamos de entender el porqué del uso de la cámara rápida para animar algunas de ellas).
Entonces, cuando nos queremos dar cuenta, ya estamos sumergidos en este viaje por una Arabia que nos regala unos paisajes increíbles. La buena construcción de los diferentes personajes ayuda mucho, generando con simpleza y simpatía que el espectador pueda empatizar con ellos. Pero todavía no llegamos a lo mejor y cuando Aladdín flota la lámpara, comienza la verdadera magia. Sí, la estética del Genio fue fuertemente criticada después de aquellas imágenes que lo alejaban de su color azul (ahora entendemos porque se veía así), pero ahora podemos decir que Will Smith y su personaje son, con diferencia, lo mejor de la película. Y no porque la producción sea mala, sino porque simplemente todo lo que rodea a este cumplidor de deseos es espectacular tanto por lo que regala a nivel visual como por las carcajadas que nos puede llegar a sacar en varios momentos.
Respecto a la obra original de Disney (1992), esta adaptación plantea principalmente cambios estéticos. Claro que no vamos a compararlas a nivel visual, pero esta nueva versión es un deleite total para nuestros ojos. Guy Ritchie (Snatch) también ha hecho un buen trabajo a la hora de cambiar el rol de la princesa Jazmín, alejándola un poco de esa mujer sumisa de la primera entrega y convirtiéndola en una joven luchadora, acorde a los tiempos que corren. Aunque al director también se le han escapado algunas cosas, algunos baches argumentales que -sin entrar en spoilers- nos llevan a ver como el Genio le cumple un cuarto deseo al protagonista después de recalcar en varias ocasiones que solo puede pedir tres.
No obstante estos baches son fácilmente olvidables, en gran parte gracias a como nos encantan todos los personajes minuto a minuto. Mena Massoud es un gran Aladdín, con una sólida interpretación que nunca peca por el gesto exagerado que muchas veces aparece en las películas de Disney. Naomi Scott está encantadora como Jazmín y los aplausos se los lleva Will Smith, creando a uno de los mejores personajes de la historia de la Casa de Mickey Mouse a pesar de un CGI dudoso que juega algunas malas pasadas en su rostro. El único que nos ha hecho ruido es Jafar y no porque Marwan Kenzari no esté a la altura en cuanto a interpretación, sino porque nos imaginamos al villano con un aspecto y una voz mucho más imponentes.
Por último tenemos que hablar del despliegue visual de la producción, que aprovecha al máximo los paisajes de Arabia y los combina grandes escenas repletos de elementos, animales y extras en coreografías inmensas que se mueven al ritmo de las canciones clásicas de la película y también algunas nuevas. En este sentido también le sientan muy bien a la película los bailes que mezclan los pasos clásicos de la cultura árabe y otros modernos.
Concluyendo, el director Guy Ritchie ha estado a la cabeza de la mejor adaptación live-action de Disney hasta el momento. Todas las críticas que se le han hecho en la previa han quedado calladas, sobre todo las que han caído sobre Will Smith y su Genio que son, en pocas palabras, lo mejor de la película con diferencia.
A pesar de un comienzo un tanto irregular, de un Jafar que puede no ser todo lo imponente que esperábamos y de algunos baches argumentales, Aladdín es una gran película que podrán disfrutar tanto chicos como grandes gracias a la simpatía de sus personajes, a un despliegue audiovisual impresionante y a unas secuencias coreográficas exquisitas.
