La última entrega de la actual saga mutante llega con una poderosa Jean Grey que no consigue explotar el máximo potencial de esta película.
Es el fin de una era. No solo porque se ha terminado la saga de esta nueva generación de mutantes, sino también porque es la última película que surge de la asociación de Marvel y de una Fox independiente. Indirectamente Avengers: Endgame ha dejado la vara alta de cara a los cierres de las franquicias de superhéroes y aunque no esperábamos semejante despliegue por parte de X-Men: Dark Phoenix, nos hemos quedado con la sensación de que esta película podría haber sido un poco más.
En esta última entrega, durante una misión espacial, Jean Grey es alcanzada por una misteriosa fuerza cósmica que casi la mata. Cuando regresa a la Tierra descubre que ahora posee un poder muy superior al que antes tenía, pero que es tan increíble como incontrolable. Entonces, la joven mutante deberá luchar contra esta fuerza que apenas entiende, mientras pone en peligro el vínculo que tiene con quienes ama y el planeta es invadido por una fuerza alienígena que la quiere utilizar como un arma de destrucción.
Como dijimos antes, no esperábamos de esta X-Men: Dark Phoenix el despliegue de lo visto en las últimas entregas del MCU de Disney. Sin embargo el comienzo del film, tan entretenido como impactante, nos permitió ilusionarnos de cara a ver una película a la altura de lo que esta más que respetable saga merecía. Los dilemas que han perseguido a los mutantes, en esta delicada relación con la humanidad, no tardan en hacerse presentes y desembocan en una serie de secuencias atrapantes e intensas que nos regalan una secuencia en el espacio verdaderamente espectacular que saca provecho de varios de los mejores personajes de esta franquicia.
Sin embargo, conforme entramos en el segundo tercio de la trama y cuando parecía que estábamos a punto de ingresar en el ansiado climax, el ritmo comienza a derrumbarse. Primero por algunos agujeros en el guion, a cargo del mismo director Simon Kinberg que por alguna razón -quizás los típicos recortes de post-producción que nunca terminaremos de entender- ha decidido acelerar los tiempos de repente, quitándole importancia a hechos claves de la historia, como los propios sentimientos y dilemas de la protagonista. También echamos en falta algunas referencias a la historia que se ha construido a través de todos estos años, que parece haber sido ignorada a cambio de un relato mucho más simple. Y al mismo tiempo que se nota la falta de minutos por acá y por allá, también nos encontramos con una escena totalmente innecesaria durante el quiebre de la película, con una batalla de mutantes horriblemente coreografiada y una secuencia que involucra a Magneto sin ningún tipo de sentido. Parece un rasqueteo quisquilloso, pero hace más ruido de lo que parece.
Después X-Men: Dark Phoenix decide dar paso a su tercer acto y con él llega el plato fuerte, la conclusión, el cierre de todo lo que Jean Grey ha ido cosechando a lo largo de sus casi dos horas de duración. En este momento la cosa se equilibra y las escenas de acción comienzan a tener un poco más de sentido, mientras que algunas de ellas son bastante espectaculares. Aunque creemos que estos grandes personajes podrían haber sido mucho más explotados, el desenlace da un poco de lugar a cada uno de ellos como buena despedida, además es un final complaciente y entretenido, por lo que pocas cosas se le pueden reprochar desde lo argumental. Claro que los más exigentes pueden estar esperando algo mucho más épico y posiblemente tengan razón, sobre todo por una Fénix que no termina de ser todo lo grandiosa que cabría esperar más allá de su último gran acto.
Pero si hay algo que consigue hacernos olvidar de todos estos baches, es un sobresaliente reparto formado por varios de los mejores actores de la actual generación de estrellas de Hollywood. Una de las cosas que más pena nos da tras el cierre de esta franquicia es tener que despedir al Magneto de Michael Fassbender, al Profeso Xavier de James McAcvoy, a la Mystique de Jennifer Lawrence, a la Bestia de Nicholas Hoult y a la Jean Grey de Sophie Turner. Smit-McPhee, Sheridan, Peter, Chastain y Shipp también están excelentes.
Por último tenemos que mencionar de forma especial la banda sonora a cargo del gran compositor alemán Hans Zimmer, que consigue elevar varias de las escenas aún por encima del propio potencial de las mismas. La música acompaña, además, a un despliegue audiovisual bastante potente que no nos ha dejado con ganas de ver más.
Concluyendo, el cierre de la última franquicia de X-Men creada de forma independiente por Fox ha llegado a su fin de la mano de una Jean Grey que quizás no ha estado a la altura de lo que esperábamos, sobre todo teniendo en cuenta que ha llegado a convertirse en Fénix. Algunos agujeros en el guion, recortes de tiempo y escenas de más tampoco han ayudado a la ecuación.
Sin embargo, X-Men: Dark Phoenix es una película entretenida con algunos buenos momentos que se ubican principalmente en el comienzo y también en el final. Más allá de esto, si existe una verdadera razón para pagar la entrada cine es la posibilidad de ver a este grandioso reparto, conformado por varios de los mejores actores de la actual generación de Hollywood, vestirse por última vez de mutante.
