En la septima entrega de la colección de Nippur de Lagash, el enemigo principal del Errante, Luggal-Zaggizi, vuelve a asomar la cabeza en el camino de nuestro protagonista.

El séptimo tomo de la colección Nippur de Lagash de Planeta DeAgostini contiene la mayoría de los capítulos editados originalmente en la revista D’Artagnan en el año 1971. Los ocho capítulos continúan siendo producto de la prolífica relación creativa de sus creadores, Robin Wood en guion y Lucho Olivera en dibujo.

            Luego de una serie de capítulos bien autoconclusivos y autocontenidos, que soltaban al Errante en situaciones aleatorias y sin conexión entre ellas, esta entrega vuelve a reconectar con la historia mayor de Nippur. Esto lo hace trayendo nuevamente al centro de la escena algunos personajes conocidos, principalmente al usurpador Luggal-Zaggizi, quien recordemos conquistó Lagash en los primeros capítulos, y fue la causa al origen de los años de vagabundeo del héroe.

En “Los sanguinarios perros del alma”, el Errante llega a Susa, donde un sujeto harapiento, manco y cojo se le acerca. Sorprendido porque los soldados le paguen sus respetos al hombre, inquiera quién es, para descubrirlo como Messilim, un general que había conocido cuando eran iguales de cargo. El desgraciado militar le cuenta la historia de su caída al protagonista, que incluye una lucha por la defensa de Susa, presa de la ambición del conquistador Luggal-Zaggizi, y su ejército de mercenarios dirigido por el el sanguinario An-Ish-Tar. También se menciona al pasar al rey amigo Sargón, quien Nippur nos informa monta en Akad una contraofensiva para frenar la sed conquistadora del usurpador de Lagash

En “Enathim y los enviados de la muerte”, Nippur encuentra sé con un viejo amigo, el arquero Ram, quien le ofrece hacer banda con dos asesinos peligrosos para capturar al titular Entahim. Predeciblemente, la cacería termina mal, revelándose al lector que Enathim, en el idioma elamita, significa “errante”. Ram cae bajo el acero de los villanos, quienes se revelan como sicarios enviados por Luggal-Zaggizi, y ellos bajo el del héroe. El capítulo termina con la primera vista del usurpador de Lagash en mucho tiempo, quien recibe trozos de sus asesinos en una caja, junto con un mensaje del vagabundo: “Espérame”.

            Luego nos encontramos con una historia que recurre al ya usual tropo de la doncella como premio de hombres fuertes que se disputan su favor. Sin embargo, en “El Gigante Infernal” viene con un giro, al descubrir que el gigante titular que ahuyenta a los pretendientes es ella misma, disfrazada con una túnica, casco vacío y una calavera. Un personaje femenino con agencia en Nippur de Lagash es cosa rara, así que este capítulo no puede ser subrayado lo suficiente en este respecto

Es conocido que Olivera usaba actores y celebridades contemporáneas como referencia para sus dibujos. De todos modos, me sorprendí al descubrir el parecido innegable entre la “gigante infernal” y una joven Graciela Alfano. El año 1971 en que fue publicado este capítulo fue el mismo en que la modelo despegó meteóricamente hacia la fama, posando en las tapas de Gente, y siendo nombrada como “Miss Siete Días” por la por entonces popular revista Siete Días Ilustrados.

Para emparejar el marcador en términos de género, Wood escribió “La mala pasión”. Allí Lilim, una rubia sospechosamente similar a la protagonista de la historia anterior (y, por ende, a Graciela Alfano), es la esposa del acaudalado Al-Azram. Al encontrarse con Nippur, la rapaz mujer rápidamente planea seducir al Errante y usarlo como una herramienta en su ambición para quedarse con la fortuna de su marido. Al ser rechazada por él, recurre a El-Urim, quien tampoco puede llevar adelante el complot. Como no es de “caballero” levantarle la mano a una mujer, Nippur deja quemarse bajo el son incandescente del desierto. Es es la imagen que adora la tapa del volumen.

La segunda mitad del séptimo tomo contiene una otras tantas aventuras, aunque ninguna se destaca particularmente. En “El ladrón que hirió con miedo”, un bandido le da al héroe un flechazo y una fiebre mortal. Luego acude Nippur a la ayuda de un pastor de corazón amable en “Los lobos y las ovejas”.  Más tarde, se amiga con un hombre manco, tullido de su tiempo como guerreo en “Los suelos peligrosos”. Finalmente, en “La loba”, se enfrenta al titular animal, entrenado por una anciana amargada por haber caído en desgracia desde la riqueza a los harapos, para vengarse de quien se había mofado de ella.

El tomo termina con una nueva galería de tapas, en este caso, de la revista Nippur de Lagash – Todo color de 1972, dibujadas por Ricardo Villagrán. Nuevamente como en las galerías anteriores, las ilustraciones pierden el color original.

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