Netflix continua apostando la producción de animes originales con una nueva versión del clásico de los setenta Devilman.
El espectador casual de anime, el que supo mirar Dragon Ball o Naruto pero no está empapado en la rica y vasta tradición de la animación japonesa, se podría sorprender con lo agresivamente violento, sexual y extraño que es Devilman Crybaby. Pero ciertamente esto era lo que Netflix imaginaba al encargar la dirección de una nueva versión animada del manga clásico Devilman de Go Nagai al siempre experimental Masaaki Yuasa. Envalentonados por el éxito de Castlevania. Netflix redobló la apuesta.
Mayormente conocido en occidente como el creador de Mazinger Z (y por ende del mecha, o robot gigante piloteado por un humano), Go Nagai es igualmente reconocido en Japón como el padre de Cutie Honey y Devilman. Su estilo de dibujo tosco es clásico del shonen de la época, y le resultará familiar a cualquiera que haya leído el manga original de Saint Seiya. Sus ideas y conceptos, sin embargo, parecen a prueba de tiempo, siendo reinventados una y otra vez a pedido del público nipón.
En el caso de Devilman, la historia involucra demonios, civilizaciones latinoamericanas perdidas y mucha pero mucha violencia. Akira Fudo era un adolescente tímido que vivía al cuidado de la familia de su amiga Miki Makimura, mientras sus padres recorrían el mundo como médicos humanitarios. Un día, el mejor amigo de la infancia de Akira, Ryo Asuka, regresa a Japón para pedirle su ayuda. Su investigación ha revelado la existencia de demonios ocultos entre los humanos, que se alimentan de nuestro miedo y carne. La única manera de enfrentar a los demonios es con el poder de un demonio, por lo que Ryo convence a Akira ,la persona con el corazón más puro que conoce, que se fusione con el demonio Amon. La bondad de Akira es tal que sobrevive el experimento con su corazón humano intacto y se convierte en Devilman.
Devilman Crybaby sigue con bastante fidelidad la historia del manga, publicado originalmente entre 1972 y 1973, y compilado en cinco tomos. Todo la violencia gráfica estaba en el papel, así como el sexo. De hecho, Nagai es famoso por el uso extendido de sexo en su obra (y por un tufillo machista), y se le atribuye haber inventado con el manga Harenchi Gakuen,la comedia escolar erótica y picaresca (Is, Ichigo 100%, Love Hina) que hoy se repite tanto en el anime actual hoy tan conocida.
También en la páginas de Nagai se encontraba esa imaginación y diseño retorcido que salta de la pantalla cada vez que los demonios comienzan a hacer de las suyas (quienes recuerden los violentos OVAs de Shutendoji que pasaba Locomotion, estos estaban basados en un manga de Nagai). No hay límite a los horrores que los demonios infligen sobre los hombres y nosotros vemos en la pantalla, asi como la violencia que los mismos humanos imparte sobre sus hermanos una vez que el miedo y la ignorancia se han afianzado entre ellos. Por esto quiero decir que Devilman Crybaby no es para los impresionables. Tampoco recomiendo verlo con tus viejos en el living cerca de la tele.
Pero si el material original ya resultar poco convencional, la contratación de Maasaki Yuasa no hará más que alejar el anime aún mas del mainstream. Uno de los autores japoneses más reconocidos hoy por hoy, Yuasa es reconocido por su estilo experimental e idiosincrático. A menudo colabora el proyectos colectivos como Mind Game, Genius Party o Space Dandy e incluso dirigió un episodio de Adventure Time. Ha dirigido series de anime como Kaiba, The Tatami Galaxy y Ping Pong.
https://www.youtube.com/watch?v=BcSuAhbtIFg
Si bien en Devilman Crybaby el estilo de diseño y dirección de Yuasa no llega al extremo de Ping Pong, ciertamente es mucho más plástico que los shonen por los cuales se conoce la animación japonesa. El diseño de personajes conserva el espíritu retro pero es modernizado, recordando a al estilo de Mamoru Hosoda (La Chica que Salta en el Tiempo, Los Niños Lobo, El Niño y la Bestia) en su uso de lineas de colores para darle personalidad
Los lánguidos personajes se retuercen y estiran con un vértigo que acelera la acción, y los colores explotan como si estuviéramos mirando por un caleidoscopio. La animación del estudio de Yuasa, Science SARU, es fluida y profesional, pero sin perder su alma artesanal. La combinación de espíritu retro y animación experimental recuerda a otros anime recientes como Kill La Kill o el spin off de Lupin III, La Mujer llamada Fujiko Mine. El anime como forma de arte parece estar llegando a un nivel de madurez donde se siente seguro regresando a su pasado y reinterpretándose, recuperando sobre todo una tradición más psicodélica de los setenta que estaba dejada de lado.
https://www.youtube.com/watch?v=lwpFpF9-MVk
También muy encomendable es la labor de Kensuke Ushio, quien produce música incidental que mezcla predominantemente sintetizadores y ritmos de música electrónica bailable con otros elementos de música clásica, que aparecen con fuerza hacia la épica conclusión.
Al ver la serie queda claro como el Devilman de Nagai influenció las próximas generaciones de seinen. Al ver la serie de Netflix me encontré pensando en particular sobre Berserk y Evangelion. La manera en que el guionista Ichirō Ōkouchi (Code Geass, Berserk: Golden Age Arc) retrata la relación de Akira y Ryo, los parelelos entre Guts y Griffith, y Shinji y Kaworu están a la orden del día.
Lo más interesante es como Devilman Crybaby se apoya en esas obras posteriores creando un círculo virtuoso de animación. En las meditaciones sobre la especia humana y su apocalíptico desenlace aparecen claras las amplias aspiraciones “evangelicanas” de Yuasa y Ōkouchi. Aunque nunca se termina de llegar a la complejidad y fineza que la obra de Hideaki Anno, y la serie pierde potencia por ello.
En definitiva, Devilman Crybaby es un anime de impecable factura técnica, que se gana su etiqueta de adulto más por tener contenido violento y sexual que por lo complejo de sus ideas, aunque aspire a lo segundo sin terminar de alcanzarlo. Lo que es seguro es que si la inversión en animación japonesa de Netflix producirá siempre anime tan osado, experimental y ambicioso, entonces vale la pena seguir pagando la suscripción.
