El hecho de que The Martian esté siendo considerada por muchos la mejor película del año escapa a mi entendimiento. Uno podría pensar que tal vez fue un año muy malo, pero no puede hacerlo sabiendo que nos brindó maravillas como Mad Max: Fury Road (George Miller) e Inside Out (Pete Docter), que están muy por encima del nivel de película “media” que ofrece Ridley Scott.
Si bien los primeros minutos del film son muy disfrutables, tanto visual como narrativamente, y a lo largo del film nos podemos seguir encontrando con algunos emprendimientos técnico que se destacan o aprovechan el encanto espacial, la historia parece caer en un agujero negro que absorbe todo contenido y/o interés. Matt Watney, interpretado por el siempre idiota perdido de Matt Damon que ya tuvo que ser rescatado en Saving Private Ryan (Steven Spielberg, 1998) e Interstellar (Christopher Nolan, 2014), después de una fuerte tormenta de arena (idea que, junto a la engrapadora abdominal, vuelve a repetirse luego del film de 2012 Prometheus) queda varado en Marte y deberá hacer todo lo posible para sobrevivir en la tierra del Dr. Manhattan hasta que la Nasa y los compañeros que lo dieron por muerto vayan por él.
Los momentos que deben importar para uno terminan por no hacer efecto alguno a excepción de hastiar y en momentos reír de los conflictos que sufre el personaje de Damon, mientras que la aparición de actores cómicos como Jeff Daniels y Kristen Wiig ponen en suspenso la espera por algún acto de comicidad que nunca va a llegar porque a ellos sí se los trata con una importancia que nadie exigía, incluso la espera por la muerte de Sean Bean es en vano. Y allí tal vez es donde se encuentra el único punto de empatía para con el relato. Y es que a fin de cuentas, esa espera que se hace eterna para Watney es la que también lo embarga a uno a la espera de algún disfrute o uso del entretenimiento. Lamentablemente solo ocurre en un hermoso montaje musicalizado por el tema Starman, aunque de seguro si se piensa en profundidad el mérito solo resida en la creación de Bowie.
Otra opinión que se hace oír bastante desde el estreno de este film, es la comparación con la película espacial de Nolan y del cómo Scott supo hacer un film inmensamente mejor. Es sabido mi disgusto por dicho film del director ególatra pero tampoco podría compartir tales comentarios como ese. Sí, la pretenciosidad y el factor solemne producen cierta molestia en su cine, pero es innegable que a través de la construcción visual logra brindar un festín de entretenimiento tanto para sus admiradores como para los que reniegan de él. El último trabajo de Ridley Scott no posee casi ningún contenido que permita ser disfrutable a gran escala. Termina ofreciendo una película dominguera, con gran producción eso sí, que de seguro sea olvidada a la semana. En la inmensidad del espacio, y de la cinematografía, nadie puede rescatar The Martian.
Nicolás Ponisio
