A propósito de Werewolf by Night, un curioso formato “especial” del MCU, los tumbos de esta fase de Marvel abren la reflexión sobre qué dirección quiere tomar Kevin Feige con esta nueva generación.
Mi amigo J es profesor de cine. Buena parte de su currícula escolar transcurre en lograr que sus estudiantes entiendan los pasos necesarios para reconocer qué hace a cada género audiovisual. Tomas, colores, filtros y demás yerbas son los elementos que él trata de hacer entender, con mucho amor y esmero hace más de una década. Al terminar Werewolf by Night, le pedí a J su mirada docente, ya que intuí una serie de referencias que sólo ojos entrenados pueden captar más ágilmente. Yo tenía clarísimo que apreciar un contenido de Marvel no requería verdaderamente de ello, pero como esto no es una reseña de la serie, me pareció útil su mirada. Con su habitual bonhomía, J me pidió unos días para cumplir y volver con un veredicto, tiempo ideal para que yo hiciera mis deberes. Si bien esto no es un análisis, repasemos rápidamente qué fue esta nueva entrega del MCU.
Tu amigo, el hombre lobo
Ya desde el vamos, esta presentación de Marvel llama la atención. ¿Cine? ¿Serie? Quizás, un mediometraje. “Especial televisivo” no termina de hacerle justicia. Sea como fuere, y en el mes de Halloween, Feige decidió dar luz verde a la encarnación real de Jack Russell, un amigable cazador de monstruos maldito por la licantropía. En la piel del elegante Gael García Bernal, dicho personaje se ve envuelto en un torneo para atrapar a una criatura, pero sus segundas intenciones, como su alter ego peludo, emergerán con la luz de la luna.
Con guión de Heather Quinn y Peter Cameron (HawkEye, WandaVision, Moon Knight), y bajo la dirección de Michael Giacchino, realizador y compositor, la pieza es visiblemente un homenaje al viejo cine de terror de los años treinta y cuarenta. En blanco y negro, exceso de sombras, sets físicos dignos de Drácula o The Twilight Zone, todo esto con inserts más CGI, para no desentonar con el MCU.
No me extenderé mucho sobre este especial, sino que quiere dar pie al debate en puerta. Con una estética homenaje a un cine consagrado, el especial le atina a la diana del debate que encendió redes y polémica ¿Marvel es cine?
Leer a Scorsese entre líneas
Recordarán a Martin Scorsese por sus grandes contribuciones a la cinematografía. Pero si el cine más tradicional no es lo tuyo y Marvel te tiene alquilado cada vez que saca algo nuevo, te acordarás de la polémica de hace un tiempo con este director. La controversia en cuestión vino a cuenta de que Scorsesse no habló elogiosamente de este tipo de películas. La frase que resonaba en portales, redes sociales y videos de YouTube fue “Marvel no es cine”.
En toda justicia, como suele ocurrir con estas citas altisonantes, el recorte fue bastante malintencionado. Es decir, sí, efectivamente y sin mucho contexto, Martin Scorsese dijo que Marvel no era cine, pero agregó que la experiencia de esas películas se parece más a una atracción de parque de diversiones (amusement park ride). Si bien sería ingenuo creer que no hay crítica en ese comentario, hay que mirar desde una óptica demasiado pequeña para ignorar la proeza de generar ese tipo de emociones con una serie/película.
En resumidas cuentas, Scorsese, obvio que con segundas intenciones, marcó una línea entre un cine más narrativo (sus palabras) y estas atracciones de parque de diversiones (que según él, es otra cosa). Más allá de la cantidad de matices que se le puede hacer a la frase, el fandom de Marvel no solo ve más que montañas rusas en sus producciones sino que encuentran (los fundamentales dirán “encontraban”) una narrativa múltiple basada en personajes varios que los hizo reincidir uno y otra vez.
Género, estilo y Marvel
Ahora, Scorsese tiene un punto. Independientemente de sí nos gustan sus películas, las de Marvel, ambas o ninguna, sería sobresimplificado decir que estos productos se parecen. Allá en mis épocas de universidad, una de mis clases diferenciaba género y estilo. La primera atendía a una serie de continuidades dentro de un producto que permiten cierta expectativa en el espectador, mientras que el segundo responde a elementos arbitrarios cuya coherencia principal está dada justamente por la repetición de su autor. En criollo, si Scorsese hace películas con De Niro sobre mafias todo el tiempo, no es un género en sí mismo, es algo que sabemos que vamos a encontrar siempre que veamos algo de Scorsese. Su estilo, en definitiva. Al género lo alimentan varios productores: si ves una película de acción carente de peleas,armas y explosiones, desconfiaras de tu plataforma amiga si esta la categoriza como “película de acción”.
Está claro también que los géneros cambian con el tiempo. Se adaptan, amoldan, se desprenden en subgéneros y dan origen a otros nuevos. Las películas de superhéroes son, de por sí, un género en sí mismo. Mucho antes que el ratón se fagocitara a Marvel, hemos tenido centenares de filmes donde sabemos que hay un héroe, un villano, una confrontación y, por lo general, la victoria del primero.
Si el cine hace al cine
Mi amigo J vive frente a un cine. Uno modesto, barrial y de convocatoria moderada. J, por deformación profesional, adora el cine. Pero, hete aquí el meollo de la cuestión, no va prácticamente nunca. Esto no significa que no mire cine, sino que ha escindido la sala de cine del producto. Esto, que para Scorsese es, en algún punto, un mal augurio, es el resultado del avance de la pantalla hogareña por sobre la butaca de cine.
La pregunta que surge de todo esto es: ¿Qué hace que un audiovisual sea cine? En épocas donde encontrar una sala llena es más la excepción que la regla ¿puede el paso por la misma definir a una película como cine y otras no? Martin Scorsese no cree esto, sin dudas, ya que ha sabido disputar la polémica con sus películas exclusivas para Netflix. Él, como mi amigo J, saben que el cine hoy por hoy se lo reconoce por un lenguaje. Tomas, planos, estética, elementos que encuadran un audiovisual en un lenguaje cinematográfico. Pero, dentro de ese lenguaje y en términos del director ya mencionado, Marvel es otra cosa.
Y retornamos al intríngulis inicial. ¿El cine es un lugar? ¿Es un lenguaje? ¿Es un género? ¿Es un saber-hacer de unos pocos, capaces de ungir o no a nuevos realizadores? En esta nota no está la respuesta.
El lobo que dialoga con monstruos
Volvemos a Werewolf by Night. El especial de Marvel está plagado de puentes a lo que podría denominarse como cine clásico. Nada quita los retazos de atracción de parque temática: acción, sorpresa, efectos especiales fuertes. Acá, la tesis de este artículo se materializa: Kevin Feige quiere que el MCU sea cine. Y cuando decimos “cine”, sí hablamos del reconocimiento de los grandes realizadores como Scorsese.
Werewolf by Night tacha items para cumplir con su lista de género. Referencias al cine de terror clásico: sí. Un protagonista reconocible: sí. Monstruos, tonalidad oscura y música lúgubre: sí. ¿Es una película de género de terror? Por supuesto que no. ¿Es Jack Russel un claro héroe? Tampoco. ¿Toda la estética surge del horror cinematográfico clásico? Claramente no. En última instancia, la virtud y maldición del lobo es esa: no es fácil de clasificar. Virtud, porque un género puede encorsetar un producto, pero su clasificación imprecisa distorsiona la expectativa.
Y esto es, al fin y al cabo, el quid de la cuestión. ¿Cuál es el público del especial? ¿Los espectadores del cine? ¿la hinchada de Marvel? ¿Todo lo que hay en el medio? Es improbable que una mega producción no piense en quién es su audiencia para darle un producto interesante y reconocible, pero Werewolf by Night, posiblemente atrapado en la sed de gloria cinematográfica del MCU, entrega un producto con tantas aristas que, en última instancia, no termina de conmover del todo. Lejos de ser una mala producción, tampoco llega a ser memorable. ¿Es el carácter de ser memorable lo que puede consagrar una película o serie? Quién sabe.
Conclusión: si cine o no cine
J me escribió, confirmando mis sospechas. Amante del cine de terror, vio aciertos en guión y estética. Reconociendo las referencias, alzó la cuestión central de un buen homenaje: aquel que dialoga con el producto original con algún punto. Entonces, Marvel le habla a ese cine clásico, pero no está claro qué le dice. El MCU, talentosísimo en poner en diálogo a sus propios personajes creando, justamente, un universo, no estaría encontrando ese puente que lo una con “el cine tradicional”. Al fin y al cabo, este universo cinematográfico tiene su propia voz, una arriagada en docenas de películas. Perderla para contentar a otros es un riesgo grande.
Este artículo cierra entonces con esa enorme pregunta ¿a quién le habla Marvel en esta nueva fase? ¿Le sirve hacerlo con una élite más esquiva de sus películas “parques de diversiones”? Claramente, como amantes de Marvel y del buen cine, no tenemos la respuesta. A la vez, suponemos que si alguien puede resolver esta cuestión es Kevin Feige. ¿Podrá? ¿A qué costo? El tiempo dirá.
