Tras más de 15 años desde AoE 3, la saga de estrategia en tiempo real está de vuelta para demostrar porqué sigue siendo todo un referente dentro del género.
La franquicia parecía haber culminado con tres entregas. Y quién podría culpar a sus responsables, la mejor forma de mantenerse en lo alto es retirarse a tiempo. Sin embargo, el mérito extra de demostrar la supremacía tantos años después tiene esa adrenalina especial por la que Microsoft y Relic se vieron tentados, anunciando y ahora lanzando Age of Empires IV, una nueva entrega que llega para demostrar que el legado puede estar a la altura del mito y que, a más de una quincena de años, la fórmula solo necesita unos retoques para continuar siendo de lo más grande que el género de estrategia en tiempo real puede ser.
Un documental interactivo
Antes de sumergirnos en las campañas y el modo multijugador de Age of Empires IV, vamos a destacar el descomunal trabajo que hay detrás del juego a la hora de contarnos las diferentes historias. Es que, como el título de esta parte del análisis sugiere, la obra de Relic es un documental que nos propone convertirnos en protagonistas de varios de los episodios más interesantes de la historia de la humanidad. Cada una de las misiones de las cuatro campañas nos reciben con una presentación digna de los mejores documentales de History Channel, con un viaje a través de las tierras que fueron testigos de las feroces batallas de por aquel entonces y una recreación de varios momentos que sirven perfectamente para involucrarnos en lo que va a pasar.
De esta manera el equipo de desarrollo consigue compensar la falta de personalidad de sus personajes in-game, contándonos quiénes son y qué hicieron para estar ahí mediante unas cinemáticas increíblemente cuidadas. Cada una de estas cuenta con un relato que pasa por los hechos más relevantes que tuvieron lugar, y que también se anima a sorprendernos con detalles curiosos de cada una de las civilizaciones que vamos conociendo y encarnando. Toda una carta de presentación que ayuda a que nos involucremos muchísimo más con las misiones, llevándolas al siguiente nivel de epicidad. Ahora se apetece más que nunca que los pastizales de las colinas se cubran de sangre.
Lanzas, flechas y escudos
Ahora vamos a la acción, a lo que nos propone Age of Empires IV a nivel jugable. Offline el juego de Relic y Microsoft nos presenta un total de cuatro campañas conformadas por un total de ocho civilizaciones, con las que deberemos afrontar un buen puñado de misiones muy bien diseñadas, siempre proponiéndonos algo diferente como para que el progreso nunca se sienta monótono. Es cierto que durante la segunda campaña encontramos algo más de repetición en los arquetipos, pero la cuarta y la quinta traen tantas novedades juntas que compensan. Derrotar a los enemigos a través de emboscadas, acabar con edificios centrales, construir nuestras fuerzas militares partiendo de recursos inexistentes o simplemente aguantar los constantes asedios de los enemigos, siempre hay algo diferente que hacer.
Más allá de esto, lo que me resultó más interesante en la dinámica de Age of Empires IV es lo diferentes que son cada una de sus civilizaciones. Y no es como en los juegos del pasado, en el que los distintivos eran básicamente distintas unidades o algunas ventajas exclusivas para unos u otros, sino que en esta cuarta entrega hay comportamientos mucho más tangibles como la forma en la que se consiguen los recursos, algunos pueblos que directamente no tienen centros urbanos o formas de actuar en combate que realmente hacen de las batallas una experiencia totalmente diferente. Esto se suma a los lenguajes de cada civilización, ya seamos mongoles o franceses, todos tienen su propia lengua que muta conforme avanzamos de era, y a las bien trabajadas estéticas.
No puedo mentirles, no tengo recuerdos tan claros de los AoE anteriores ya que los jugué en el año en que salieron, pero sí que siento a esta entrega muchísimo más épica desde varios frentes. Primero porque se pueden usar muchísimas más unidades al mismo tiempo y estas tienen más puntos de vida, segundo porque las edificaciones son muchísimo más imponentes y conforme avanzamos de eras las murallas pueden ser realmente difíciles de atravesar; y tercero, pero no menos importante, siento que la conformación del mapa realmente tiene un peso: posicionar a los arqueros en terrenos elevados, atacar desde varios frentes, tender trampas y emboscadas con soldados escondidos en los bosques, hay un sinfín de posibilidades para aprovechar el terreno que realmente son funcionales.
Lo bueno es que todo esto se traslada al multijugador de Age of Empires IV. En este apartado online del juego de Relic realmente no encontré grandes novedades y por eso me pregunto: ¿Es realmente necesario una innovación en este campo? En realidad se trata de llevar todas esas mecánicas que hace tan grandiosas a las misiones de la campaña a la hora de enfrentarnos a otros jugadores alrededor del mundo. Esa posibilidad de adoptar diferentes estrategias funcionales, los gritos de batalla de las unidades cuando se les ordena atacar, el equilibrio perfecto entre gestión de recursos y combate, ese componente entre pensar rápido, actuar en consecuencia y disfrutar del resultado en el campo; sensación que pocos juegos son capaces de generar y que nos da la seguridad de que este es un género que no morirá nunca.
Blandiendo el acero – Apartado técnico
Es imposible no recordar aquel tráiler de presentación de Age of Empires IV con la promesa de un apartado visual capaz de dejarnos boquiabiertos. A esta altura ya todos sabíamos que lejos estaríamos de aquello, pero lo cierto es que tampoco es que la obra de Relic y Microsoft se vea mal. De hecho, si dejamos de lado esa cinemática bastante engañosa, el juego tiene -aunque simplista en algunos apartados- un diseño general bello y muy cuidado. Lo que más me gustó son las animaciones de las unidades en batalla y los detalles de los edificios, sobre todo en las eras más avanzadas de cada civilización. Lo bueno es que, a pesar de que el juego recomienda uno configuración discreta para que no merme el rendimiento, yo lo corrí a la perfección con todo al máximo y sin tener una computadora de la NASA.
En cuanto al sonido, sí que tenemos que hablar de una vertiente sobresaliente dentro de este cuarto AoE. La música quizás sea lo más discreto dentro de este componente, aunque está muy bien, quizás se queda algo corta respecto a lo que supo ser en entregas anteriores. Lo más destacable, eso sí, son los sonidos del minuto a minuto del juego, como el choque de espadas, las flechas aterrizando en el campo, las frases en los diferentes idiomas de las unidades o, como dijimos antes, los gritos de batalla que son capaces de meternos de lleno en lo que está a punto de pasar. Lo que sí vamos a reprocharle a Relic y es algo que el juego acarrea desde sus orígenes, es esos momentos en los que la IA irrumpe con la inmersión: si bien en líneas generales funciona bien, por momentos tanto unidades enemigas como las nuestras se comportan de forma suicida o se desprenden por sí solas del batallón quedando inactivas en el medio de la nada, o se acumulan todas juntas para cruzar un puente cuando pueden rodearlo perfectamente.
Age of Empires IV, el veredicto final
Tras 15 años desde la última entrega de la saga, es bueno ver cómo uno de los reyes de la estrategia en tiempo real sigue estando en plena forma para acomodarse a los tiempos que corren. Esto es en gran parte gracias al trabajo de Relic, estudio que entendió que simplemente tenía que agregar algunos elementos a la fórmula para que se sintiera fresca, sin modificar la esencia que hizo grande a la franquicia hace década y media atrás.
Age of Empires IV encantará a los fanáticos de la saga y también a quienes gusten del género, pero además es un ideal para cualquiera que quiera adentrarse por primera vez en estas historias de grandes conflictos y conquistas. Por sus combates épicos, su forma de contar los hechos como si se tratase de un documental, por su siempre adictivo apartado multijugador y ese no se qué que tiene la propia marca, es un regreso a la altura de lo esperado y más también.





