Viajamos a la Guerra Fría para una nueva entrega de la saga bélica, a la que se le nota la falta de horno, pero que aún así mantiene la efectividad de la marca.
Este año le tocaría a Sledgehammer Games, pero por algunos problemas de ideas Treyarch y Raven Software acudieron al llamado desesperado de Activision para tener lista la correspondiente entrega anual de la veterana saga bélica. En este caso toca Call of Duty: Black Ops Cold War, una continuación directa de la saga Black Ops que mantiene la esencia del estudio que le dio vida, escasea en contenido en algunos de sus apartados y aún así consigue tener este componente adictivo que hace que sea una de las franquicias más vendidas de la historia de la industria de los videojuegos.
Duelo de espías – Campaña
Como corresponde y lo amerita una entrega con tantas vertientes, vamos apartado por apartado y comenzamos por la campaña; una campaña que regresa a la saga Black Ops después de una cuarta entrega que había generado mucha polémica por prescindir de esta. Call of Duty: Black Ops Cold War se sitúa como una secuela directa del título lanzado en 2010 y nos pone a perseguir a un espía ruso que se hizo con la fórmula de un arma nuclear estadounidense y, como pueden imaginar, no tiene pensado usarla para hacer el bien. Sin ser demasiado profunda ni innovadora, la historia sabe hacer lo suficiente como para atraparnos hasta el final, animándose incluso a algunos giros de tuerca más que interesantes, y aprovecha al máximo sus personajes, muchos de ellos viejos y queridos conocidos por los seguidores de esta subsaga.
Pese a durar un máximo de cinco horas, la campaña de esta nueva entrega tiene varios detalles interesantes que pueden servir como punto de partida para que la cosa vaya a más en futuras continuaciones. El hecho de que uno de los personajes controlables sea, en parte, creado por nosotros nos ha parecido más que interesante y más aún cuando vemos cómo esto repercute en el relato. La toma de decisiones también es algo que toma poder, no solo por cómo pueden cambiar los caminos sino también por dar lugar a la rejugabilidad, por un final que realmente puede variar según lo que elijamos. Esto también da mayor profundidad a los diálogos, en los que la mayoría de las veces somos meros espectadores, pero aún así nos sentimos participes debido a que se desencadenan de nuestras acciones.
En lo que al gameplay refiere, la campaña de Call of Duty: Black Ops Cold War repite la fórmula que caracteriza a la franquicia, mezclando acción y sigilo casi a partes iguales. Eso sí, las secuencias de sigilo tienen una cuota de profundidad extra cuando se formulan como una especie de puzzles en los que debemos elegir el mejor camino para no alertar al enemigo. En cuanto a la acción la cosa también marcha sobre ruedas, con varias escenas espectaculares que nos permiten dejar de lado ese final exagerado y precipitado, que parece ser consecuencia de un desarrollo apurado por los tiempos impuestos por Activision.
Lluvia de balas – Multijugador
He aquí el apartado por excelencia de la saga bélica iniciada por Activision allá por el 2003. El que merece mayor atención y el que cautiva a más cantidad de jugadores que pueden seguir lanzándose a partidas incluso a más de una década del lanzamiento de un título (si no nos creen pongan a prueba al primer Black Ops). Y para muchos justamente Treyarch es el mejor estudio a la hora de ejecutar esta vertiente y Call of Duty: Black Ops Cold War puede servir perfecto para darles la razón. Porque sí, su multijugador es frenético, variado y completamente adictivo.
Repetimos lo mismo que en cada análisis de las diferentes entregas de esta saga, en lo que a gunplay se refiere la experiencia del estudio se nota en cada bala disparada. Los tiroteos son simplemente excepcionales, con partidas rápidas en las que podremos surcar los diferentes mapas en cuestión de segundos intentando dar caza a todo aquel que se interponga en nuestro camino. El armamento en sí también ayuda en una fórmula que parece no tener flaquezas, con un buen equilibrio entre todos los modelos de armas que, quizás, comienzan a sentirse demasiado similares a entregas anteriores, pese a que su amplio abanico de personalización de mucha variedad al asunto.
En lo que a los mapas se refiere, componente fundamental de esta fórmula a la que tanto alabamos, todos los que están funcionan bien y queda claro que esto es algo que también se le da bien a Treyarch. Los modelos de tres caminos que facilitan los enfrentamientos directos en el centro y ofrecen algunos recovecos -los justos para evitar a los campers– para quien quiera avanzar de una forma un poco más estratégica. Eso sí, en estos escenarios vuelve a notarse que a Call of Duty: Black Ops Cold War le faltaron algunos meses más de horno, ya que son pocos, muchos menos de los que hemos tenido de lanzamiento en las entregas anteriores.
En cuanto a los modos de juego, tenemos todo los clásicos que ya son sello de la franquicia desde hace años, como Duelo por Equipos, Todos Contra Todos, Buscar y Destruir, Dominio o Punto Caliente, cada uno tan entretenido como el anterior. Además suma tres modalidades -Bomba Sucia, Escolta de VIP y Armas Combinadas- que se desarrollan en mapas mucho más grandes e incluyen vehículos, tomando ciertos rasgos de la fórmula Battlefield y otros tantos del apartado battle royale, los cuales están más que bien, realmente son muy entretenidos y dan cierta frescura, pero que tampoco terminan siendo todo lo innovadores que una saga tan veterana necesita a estas alturas.
Para cerrar el apartado mutijugador nos gustaría mencionar dos partes que lo merecen y van de la mano. La primera son todos esos elementos que hacen de esta experiencia online un adicción completa: además de lo divertidos y frenéticos que son sus modos, siempre hay un buen puñado de elementos cosméticos a desbloquear que nos invitan a seguir. Pero por otro lado está la antítesis, esa decisión de Activision que a parte del público puede alejarla de las largas maratones de juego: el SBMM o búsqueda por habilidad, que transforma el matchmaking de las partidas casuales como si fuesen competitivas. Es cierto que es menos agresivo que en Modern Warfare, pero sigue estando ahí y es una elección que no nos parece acertada.
Experimentos nazis – Modo Zombies
Están quienes llegan a la saga por su campaña, otros por el multijugador y un porcentaje no mucho menor que lo hace por el Modo Zombies. A Treyarch lo han llamado muchas veces el padre de los zombis de Call of Duty y aunque no sean ellos los que los crearon, sí que han sido los que más jugo le han sacado a este apartado a lo largo de los años. Con la entrega de este año vuelven a demostrar porqué son tan buenos haciéndolo, manteniendo las bases de todo lo que hemos visto en sus últimas entregas pero agregándole ciertas novedades que nos invitan a dedicarle un buen puñado de horas entre risas y sustos.
Lo que nos ha gustado mucho es como Call of Duty: Black Ops Cold War se toma en serio lo de agregarle una cuota de historia a la modalidad, mientras que a la hora de llevarnos a la acción lo que se nos cuenta tiene coherencia. En principio tenemos un mapa, un búnker, en el que podemos jugar dos tipos de partidas diferentes fijas y otra que va rotando semana a semana. Los muertos vivientes vuelven a ser tan desafiantes como siempre, con easters eggs repartidos por acá y allá invitándonos a descubrirlos todos, más esa mezcla entre frenetismo, humor y terror que sienta tan bien cuando queremos pasarla excelente en cooperativo con amigos.
Apartado técnico
Si hay algo que termina de cerrar la idea de que a Call of Duty: Black Ops Cold War le faltaron unos meses de horno es su apartado técnico. Es que el juego de Treyarch y Raven Software claramente presenta un paso hacia atrás, técnicamente hablando, respecto a la última entrega de Modern Warfare. A nivel gráfico sigue luciendo bien gracias al nuevo motor gráfico de la franquicia, pero en los detalles, en las texturas, en el acabado de los diseños se nota que no termina de ser un productor del todo redondo.
A nivel sonoro la cosa sigue por el mismo camino, no está para nada mal e incluso en ciertos aspectos sí evolucionó respecto al título de Infinity Ward, pero no termina de ser todo lo espectacular que esperábamos, incluyendo una banda sonora que está bien pero se mantiene lejos de la epicidad a la que la saga nos acostumbró. Lo peor probablemente sean las animaciones, que tampoco lapidan al juego, pero que le dan ese aire de poco trabajo que le queda demasiado mal a un estudio que, sabemos, sabe hacer las cosas muchísimo mejor.
Call of Duty: Black Ops Cold War, el veredicto final
Por los apuros debido a conflictos internos, la nueva entrega de Treyarch y Raven Software puede ser un paso atrás en muchos aspectos respecto a lo que fue el último Modern Warfare. Aún así tiene todos esos condimentos que los amantes de la franquicia y, sobre todo, de la subsaga Black Ops aman y a los que serán fieles hasta el final de los tiempos de una marca que necesita comenzar a salir un poco más del molde.
Pese a esto, Call of Duty: Black Ops Cold War nos ha resultado una entrega más satisfactoria que la desarrollada por Infinity Ward en muchos sentidos. Aunque se note la falta de horno sobre todo por la escases de cierto contenido, su campaña está bien, sus zombis también y su multijugador nos regala esas frenéticas, divertidas e increíblemente adictivas partidas con las que podremos pasar decenas (por no decir centenas) de horas en medio de la Guerra Fría.
