Code Vein 2 abraza a todo tipo de jugadores por ser un soulslike más accesible que otras IP’s, pero que logra imponer una identidad a base de su puesta en escena y una jugabilidad no excenta de polémicas.
La evolución de los videojuegos, de los géneros y sub géneros fluctuan en diferentes períodos a grandes velocidades. Dentro de esta industria, seis años equivalen a toda una era o casi una generación completa. Cuando el Code Vein original se lanzó en 2019, los Soulslike ya estaban en una estadío completamente maduro (siempre con FromSoftware a la cabeza), pero recién estabamos viendo los primeros pasos en otras compañías, que todavía estaba intentando descifrar cómo replicar la fórmula mágica de Hidetaka Miyazaki sin ser una burda copia sin alma. Bandai Namco lo intentó con una propuesta que muchos bautizaron, quizás con cierta condescendencia, como el “Anime de los Souls”. Era un juego con identidad, sí, pero atrapado en un apartado técnico justo, una linealidad asfixiante y una tosquedad que solo los muy heavy consumers del género lograban perdonar.
Estaba claro que Code Vein era un propuesta que, con sus imperfecciones marcadas, brindada una señal de identidad que destacó por sobre el resto. Hoy, en pleno 2026, Code Vein II aterriza en nuestras consolas y PCs no solo como una secuela, sino como una declaración de intenciones. Es el paso del “Anime Souls” a una propuesta que combina elementos de jprg y también de mundo abierto, tomando la punta de lanza que dejó Elden Ring en 2022l “Anime Ring”. Y esta secuela sigue siendo imperfecta como su primera entrega, pero que apuesta de forma más ambiciosa a dejar una huella de identidad en el jugador, por su ambientación, su jugabilidad y la experiencia que atraviesa de punta a punta
Estamos ante un título que entiende que el género ya no puede depender de su elevada dificultad; Y Code Vein II encuentra esa razón en el lugar más inesperado: la amistad vampírica y la tragedia del tiempo.
Una narrativa juega con nuestras emociones
La historia de Code Vein II es, ante todo, un ejercicio de maximalismo emocional. No hay sutileza de la cual agarrarse para entender qué está pasando en el mundo. Aquí, la historia se entrega sin concesiones, con cinemáticas potentes, diálogos cargados de un fatalismo casi de tragiedia romana y un piano melancólico que no deja de sonar cada vez que una fatalidad asoma la cabeza. La inspiración a NiEr: Automata y a toda la obra de Yoko Taro se puede respirar en muchas de sus aristas, y si lo trasladamos al anime por consecuencial, al impacto narrativo que mantiene Evangelion.
En Code Vein 2 nos ponemos en la piel de un “Cazarresucitados” en un mundo devastado por el Resurgimiento; mientras que el cielo está presidido por la Luna Rapacis, una entidad que parece observar el sufrimiento de los Renacidos (vampiros inmortales) que luchan por no convertirse en Horrores hambrientos de sangre. Con esta gótica premisa, La trama gira en torno a cinco héroes legendarios que, hace un siglo, se sacrificaron sellándose en Crisálidas para contener un mal mayor. Sin embargo, el sello se debilita. Nuestra misión, junto a la enigmática Lou es viajar al pasado de estos héroes para conocer sus arcos de redención antes de tener que matarlos en el presente.

Los viajes en el tiempo siempre fueron un desafío mayor para todos los guionistas del mundo, pero acá Code Vein 2 sabe no meterse en líos o enriedos muy complejos sino que sabe salir aireoso de cada momentum en el que tiempo solo mira para adelante. Los plot twist y desenlaces estarán conectados a todas las intervenciones temporales que hagamos, y eso es lo que mantiene el atractivo en todo momento, ya que las consecuencias tienen impacto directo en la historia y por sobre todo en nuestro presente.
La sensación que busca transmitir hacia el jugador es ese miedo latente de una misión casi irrealizable. El mal es demasiado poderoso y las esperanzas son escazas, y esa conexión ante la tragedia inminente es lo que llena de alma y espíritu a Code Vein 2: durante el grueso de juego transitamos una gran cantidad de horas navegando en recuerdos y combatiendo contra decenas y cientos de enemigos, conociendo personajes y entendiendo más sobre el pasado de cada héroe y de este universo, complementando por sus variopintas misiones secundarias. Esa dualidad en los tiempos (¿donde siempre el pasado fue mejor?), nos choca de lleno ante una adversidad imposible de vencer, como si se tratase del Quijote ante los molinos de viento; y la única forma de salir victorioso es regresar en cada una de las líneas temporales para derrotar a ese mal que parece invencible,.
El principal contrapeso de este guion cuidadoso en el que no faltan los golpes bajos y los momentos de grandilocuencia es el silencio de su protagonista; que si bien es algo frecuente en los videojuegos, no deja de resultar chocante cuando tenemos un universo plagado de voces e interacciones. Es probable que la siguiente evolución dentro de la saga sea olvidarnos del editor de personajes para darnos un protagonista con una identidad ireesoluta desde el vamos.
Code Vein 2 abraza a su mundo abierto
Como mencionamos al comienzo del análisis, Elden Ring logró colocar con grandilocuencia y épica la imposición de un mundo abierto, un ecosistema que funciona a la perfección y que es un personaje más dentro de la historia. Code Vein II abandona los pasillos y las mazmorras encorsetadas para ofrecernos un reino vasto, interconectado y, por sobre todas las cosas, coherente. La exploración ahora es vertical y orgánica. Podés estar en la Ciudad Hundida y ver a lo lejos la Cicatriz Corroída, sabiendo que puedes llegar allí sin pantallas de carga en el medio
Para facilitar este viaje, contamos con una simpática moto. Olvidense de que el viaje con este vehículo será memorbale, pero cumple su función de apoyarnos en la enorme exploración que plantea con un mundo lleno de lleno de puntos de interés: mazmorras secundarias que funcionan como pequeños rompecabezas de combate, jefes secretos que custodian habilidades únicas y el “Néctar Dorado”, un recurso vital para mejorar nuestra capacidad de curación.
Sin embargo, el mundo abierto es un arma de doble filo para este título. A nivel conceptual, el arte es soberbio: edificios Art Déco derruidos, estructuras de sangre dorada que desafían la gravedad y cielos oníricos. Pero cuando vamos a los detalles y a la exploración a través de nuestros personajes en entornos más cerrados, esa proyección se desvanece por momentos, con texturas planas y varios diseños de escenarios que tienden a repetirse más rápido de lo que uno podría esperar. Esa falta de profundidad técnica deja un poco de gusto a poco, en un 2026 donde la exigencia audiovisual ya tiene otros estándares. A pesar de lo volumétrico de los puntos de interés, existe una sensación de vacío en las grandes llanuras que el juego intenta llenar con zonas de enemigos, pero que a menudo se percibe como relleno para justificar las distancias.
Lo que más elogiamos de todo su mundo abierto es cómo está matemáticamente conectado, incluso sus mazmorras opcionales, que no funcionan como zonas separadas sino que conviven dentro del mismo mundo.

Code Vein 2 no llegó sin polémicas bajo el brazo y el punto más divisible dentro de la experiencia jugable lo encontramos, en el combate, con una decisión de jugabilidad que busca romper otros patrones y cambia la forma en la que encaramos los combates. En esta entrega, y en las antípodas de los principales preceptos del género, ya que los esquives en el juego no cancelas las animaciones de ataque. Una declaración de intenciones de la primera entrega que ahora se revalida.
Si sos un experimentado en los souls-like, las primeras horas en Code Vein II serán un choque de realidad pero al mismo tiempo un entendimiento claro de si estás dispuesto a cambiar la forma de jugar por una decisión tomada deliberamente. Cada puesta ofensiva de ataque tiene que ser pensada y dispuesta a llegar hasta el final, ya que no hay manera de interrumpirse. Es el compromiso con nuestras decisiones de los cuáles se penalizan de forma directa los errores de lectura contra el rival en combate; combate que se vuelve irremediablemente más táctico y pensativo, evitando los movimientos erráticos y los combos interminables.
Es un golpe de efecto que nos deja boquiabiertos en los primeros compases de la aventura pero una vez que te acostumbras la experiencia cambia y para bien.

Una de las principales virtudes de Code Vein II es cómo reformuló su sistema de builds y progresión con los Blood Codes, donde no invertimos puntos de habilidad es estadísiticas sino que equipamos el “código” de un personaje (enemigo o aliado), modificando nuestros paramétros instantáneamente. Esto nos permite redefinir y mapear la forma en la que queremos evolucionar a nuestro protagonistas, decantado por ataques rápidos, apostar a la magia, con condiciones de absorber vida por golpes, ser más determinante y usar armas pesadas o apostar por la magia. La versatilidad también reside en las posibildiades que van en in crescendo a medida que encontramos más códigos.
Esta flexibilidad permite experimentar sin miedo al fracaso. Si un jefe te está destrozando porque tu build de magia no es efectiva contra su resistencia elemental, podés repensar la estrategia hasta encontrar una que se adapte a tus habilidades y a las debilidades del rival.

Otro de los elementos que se repite en esta secuela es el sistema de compañeros, que ya era importante en el primero, ahora se expande para ser un elemento bisagra en el adn del juego. Los NPC que te acompañan en la aventura ahora tiene un rol más determinante en Code Vein 2, con una mayor flexibilidad en su modo de uso
El juego te ofrece dos formas principales de gestionar esta ayuda. Primero como “Evocación”, donde el compañero pelea a tu lado, usando sus propias skills y permite ser un decoy para los enemigos. Pero tambíen tenemos la “Fusión”, donde absorbemos al compañero en cuestión, no pelea a nuestro lado pero nuestras estadísticas crecen de forma exponencial, desbloqueando habilidades pasivas de forma temporal.

Una dinámica que permite avanzar con los combates de diferentes manera, optando por una lucha cooperativa o decidir sí nos arreglamos por nuestra cuenta, con stats impulsados. Además, contamos con el sistema de “Segunda Oportunidad” , donde nuestro compañero se sacrifica para que nosotros podamos volver a pelear. El tópico de los “sacrificios” es algo que abunda en el aire de forma frecuente y que también atraviesa la narrativa de todo el juego.
La IA de los compañeros tiene momentos de brillantez y otros de estupidez absoluta, y es un de los puntos más conflictuados ya que en ciertas peleas con bosses, la estrategia es fundamental y en más de una oportunidad nuestro aliado nos dejará a pata mientras se queda trabado contra una pared.

Conclusión
Code Vein II es un juego de contrastes. Es ambicioso pero con muchas costuras a la vista; es emocionante pero por momentos frustrante; es visualmente espectacular en su arte pero pobre en su ejecución técnica. Bandai Namco intentó, con su huella de identidad, formular un híbrido definitivo entre el los soulslike y los JRPG moderno, envuelto en una capa de mundo abierto, y aunque no es un juego perfecto, distingue y reflota una identidad propia digna de elogiar
No es claramente un juego para todos y los que buscan la precisión en el combate o una fluidez técnica en su desarrollo, puede que la decepción esté a la vuelta de la esquina, pero si sos capaz de ver un poco más allá de sus limitaciones, encontrarás una recompensa gratificante. Es un juego que premia la paciencia, que te permite experimentar con builds de forma casi infinita y que te cuenta una historia que va mejorando con el paso del as horas.
En un mercado saturado de juegos que intentan ser perfectos siguiendo fórmulas seguras, Code Vein II se atreve a ser diferente.
Code Vein II es una secuela que, con valentía, expande sus horizontes hacia el mundo abierto con un resultado irregular. Aunque sus problemas técnicos y su rigidez en el combate le impiden alcanzar la excelencia, su inmensa capacidad de personalización y su poderosa carga emocional lo convierten en una cita obligada para los amantes del género y el anime.
