Veteranos de franquicias como Halo, Destiny y SOCOM se unen para traernos esta experiencia diferente, que combina disparos y estrategia, con grandes ideas pero no tan buenos resultados.
Hace algún tiempo nos fue presentado Disintegration y la industria entera se giró para prestarle atención, tras enterarnos de que estaba siendo desarrollado por ex miembros de franquicias como Destiny y SOCOM, que además respondían a la voz de Marcus Lehto, cofundador de la icónica saga Halo. Todos ellos trabajando bajo el manto de V1 Interactive y Private Division, ahora nos presentan el resultado final: uno que tiene propuestas más que interesantes, pero que no ha salido tan bien como esperábamos.
Cabe aclarar que este análisis lo escribimos en base a nuestra experiencia con la campaña, teniendo en cuenta que a día de hoy el multijugador online no se encuentra disponible ya que no hay servidores abiertos para poder iniciar partidas. Respecto a este segundo apartado solo haremos un repaso de lo que hemos entendido después de jugar el tutorial y sobre algunos aspectos de personalización que encontramos en la pantalla de inicio.
El futuro es de las máquinas
Disintegration nos lleva 150 años en el futuro, momento en que la humanidad está cambiando radicalmente gracias al extremo avance de la tecnología. En esta realidad existe un proceso llamado Integración, mediante el cual las personas pueden trasplantar su cerebro a un cuerpo robótico y así gozar de todas las prestaciones que este ofrece. En paralelo surge una súper potencia tecnológica llamada Rayonne que, convencida de que el futuro está en las máquinas, decide iniciar un proceso para acabar con los pocos humanos que aún se resisten al cambio.
En este contexto a nosotros nos toca controlar a Romer Shoal, un ex piloto que ha pasado de ser una estrella a liderar un grupo revolucionario que se opone a la dictadura de Rayonne. Esta historia da sus primeros compases a través de varias cinemáticas bien trabajadas, que nos permiten involucrarnos desde el vamos con lo que está ocurriendo. Así se mantiene a lo largo de toda la aventura, que puede extenderse hasta las 10 horas dependiendo de la dificultad, contándose mediante escenas entre misión y misión, siguiéndose con interés hasta el final.
El tono hollywoodense de Disintegration también se alimenta de unos personajes con muchísima personalidad, que terminan siendo el principal color de la aventura. Romer es el típico héroe que acaba siéndolo sin buscarlo y con el que es fácil empatizar. Además, nos acompañan un grupo de humanos máquina que cumple con todos los estereotipos que podemos encontrar en las películas -desde la chica ruda hasta el grandote simpático- y lo hacen de forma efectiva, además de unos humanos que nos permiten entender su causa y así luchar por esta con ambición.
Pero lo que más nos ha gustado del relato de Disintegration es el guion, uno que administra muy bien el tiempo que se le asigna a las cinemáticas entre misión y misión para que el relato tenga suficiente peso, evitando el sentimiento de que simplemente estamos cumpliendo encargos. Por encima de esto destacan los diálogos, tanto en los momentos cómicos como en los de mayor tensión, potenciados también por los coloridos personajes que antes mencionamos.
Un shooter de estrategia
Desde el momento en que nos fue presentado supimos que Disintegration llegaría al mercado para plantear una idea nueva, incluso con la aspiración de marcar un antes y un después dentro de dos de los géneros más populares de la industria. Es que el título de V1 Interactive y Private Division toma la base de los First Person Shooter (FPS) y las combina con los elementos más básicos de los juegos de estrategia. ¿Cómo funciona esto?, ¿ha salido bien el resultado? Respondemos a esas preguntas a continuación.
Lo cierto es que Disintegration es innovador, uno lo juega y aunque se sienta familiarizado con diferentes componentes, entiende rápido que hay algo nuevo entre manos. A la hora del combate tenemos todo lo que tienen los shooters, con su variedad de armas y su gunplay, pero el abanico se abre cuando entran en juego los componentes de estrategia. Así, podemos controlar a una tropa de tres miembros para que cumplan funciones en el campo de batalla mientras nosotros controlamos la zona con una especie de moto voladora.
Mientras nosotros nos dedicamos a disparar a los enemigos o a curar a nuestros aliados, podemos ordenarles a estos soldados que se ubiquen en posiciones específicas, se centren en los enemigos más poderosos, abran cajas con contenidos especiales, busquen cobertura o incluso que se retiren. Además, al igual que nosotros, ellos pueden morir y por eso tendremos 30 segundos para recuperar su cerebro con el fin de evitar perder la misión. Todas estas herramientas son las que debemos usar para abrirnos paso por unos territorios hostiles de gran dificultad, aún cuando lo jugamos en la segunda de sus cuatro opciones (correspondería a la dificultad media o recomendada).
Derrotando enemigos de todos los tipos, incluyendo jefes bastante bien diseñados que se mueven en mapas algo menos variados de lo que nos hubiese gustado, vamos reuniendo materiales y cumpliendo una serie de misiones que al principio son entretenidas pero que acaban volviéndose repetitivas con el correr de las pocas horas. Además, con esos materiales encontrados podremos ir evolucionando tanto a nuestro vehículo como a nuestros soldados, consiguiendo nuevo armamento y habilidades tanto para ellos como para nosotros.
Sí, lo cierto es que este nuevo combo que presenta Disintegration resulta interesante, pero con el correr de las horas notamos que la ejecución se ha quedado demasiado en la base como para resultar trascendental. Las mecánicas jugables no evolucionan conforme avanzamos en el juego, por lo que se siente que esta combinación de géneros ha quedado desaprovechada. Además, el gunplay no es todo lo entretenido que debería debido a que los soldados enemigos son demasiado pequeños para nosotros, teniendo en cuenta que somos una nave que mata enemigos desde el cielo. Por este motivo, los únicos combates que realmente terminamos disfrutando son contra los jefes que nos igualan o incluso nos superan el tamaño.
Un multijugador que se hace esperar
Como aclaramos al comienzo de este análisis, a día de hoy el apartado multijugador de Disintegration aún no se encuentra disponible. Por lo que hemos podido ver tanto en el tutorial de esta modalidad como en la pantalla de inicio, nos plantea una serie de modos que combinan combates tanto PvE como PvP con objetivos de por medio. Si este mantiene las bases de lo visto en la campaña. puede que funcione bien y resulte bastante entretenido.
Además nos hemos encontrado con una serie de facciones, desde robots punks hasta samurais, cada una con sus rasgos característicos tanto en armamento como en tropas y vehículos. Todo esto acompañado con varios elementos de personalización desbloqueables, que van desde tarjetas de visita hasta rasgos de las facciones. Lamentablemente no podemos hablar más hasta que no esté disponible el apartado online.
Un mundo de metal – Apartado técnico
El apartado técnico de Disintegration responde a su moderado presupuesto. A nivel visual no está mal, pero lejos de los portentos gráficos a los que nos tienen acostumbrados las últimas grandes producciones de la industria. El problema con esta obra es que el diseño tampoco ayuda a llevar mejor la situación, teniendo en cuenta que los androides (protagonistas de la aventura) tampoco se lucen demasiado.
A nivel sonoro el título también mantiene este nivel medio. No destaca en nada, aunque sí nos ha gustado la banda musical que por momentos acompaña muy bien a las diferentes escenas que se nos presentan en las cinemáticas. Sí vamos a ponderar el trabajo del equipo de voice acting, con unos interpretes que han puesto vida y personalidad a los grandes personajes de la historia.
Disintegration, el veredicto final
El equipo de V1 Interactive claramente se ha esforzado por traer una propuesta nueva a la industria y lo ha conseguido, aunque los resultados no son tan satisfactorios como esperábamos. Es cierto que combinar la base de los shooters con elementos de la estrategia resulta una buena idea, pero si no está explotada lo suficiente (como es este caso) todo termina en una desairada experiencia.
Pese a su divertida historia y sus grandes personajes, Disintegration no nos ha resultado demasiado entretenido pasadas las primeras dos o tres horas de juego. El combate no se siente cómodo y sus mecánicas no están lo suficientemente explotadas como para llevarnos gustosos hasta el final. Si a eso sumamos que aún no está disponible el modo multijugador, nos quedamos muy lejos de las expectativas que tuvimos cuando fue anunciado.
