La violencia está, el impacto no siempre. Invincible debuta con su primer gran juego de consolas, y aunque causa una buena impresión, Invincible VS podría haber sido un poco más.
Invincible VS entra al terreno de los fighting games con una idea bastante clara de lo que quiere ser. No busca competir con la velocidad extrema de propuestas como Dragon Ball FighterZ, sino que se acerca mucho más a la lógica de sagas como Mortal Kombat o Injustice: combates más pausados, más leíbles y con un foco puesto en la lectura por sobre la ejecución.
Eso, de entrada, no es ni bueno ni malo. Es una decisión. Y como toda elección de diseño, define al resto de la experiencia.
Un universo que no se negocia
Si hay algo que Invincible VS hace bien desde el primer momento es entender de dónde viene, su historia de origen. No se siente como un juego que usa la licencia como excusa, sino como uno que realmente entiende lo qué hace funcionar a Invincible como franquicia.
Cada personaje está construido desde su identidad. No hay movimientos genéricos ni reciclados: hay intención. Incluso, dentro de un sistema que obliga a balancear enfrentamientos desparejos, se respeta la esencia de cada uno. Que personajes como Rex Splode puedan enfrentarse a Omni-Man sin que el juego se rompa es parte del diseño, pero lo importante acá es que esa adaptación no pierde personalidad, pese a que todos sabemos que el pobre Rex no duraría un suspiro.
La violencia también está bien trasladada. No es solo estética, es parte del tono. Y los guiños al fan, como el ya icónico “piensa, Mark, piensa”, terminan de cerrar esa conexión con la serie. En este punto, Invincible VS cumple con todo lo que uno espera de una adaptación ya que estamos claramente ante una traspolación de la serie, no del cómic, lo cual es importante porque como ya sabemos la producción de Amazon Prime se ha tomado muchas licencias para con el material original.
Cuando la lectura pesa más que la ejecución
En lo jugable, Invincible VS encuentra un punto medio interesante. No es un juego vertiginoso, pero tampoco lento. La velocidad está lo suficientemente contenida como para entender lo que está pasando en pantalla, algo clave en un sistema que trabaja constantemente con múltiples personajes ya que vale la pena recordarlo, estamos ante un juego que pone el 3v3 como el sistema principal de lucha, pese a que la historia se esfuerce en hacernos combatir solos contra 2 o 3 rivales.
El combate hace principal foco en la lectura. No hay una exigencia fuerte en cuanto a ejecución técnica, y es fácil apoyarse en habilidades especiales para resolver situaciones. Eso lo vuelve accesible, pero también hace que, en un primer contacto, no se perciba una gran profundidad en las cadenas de combos, recurriendo a una rutina de movimientos que, si no queremos ser un machacabotones, se puede volver un tanto repetitiva.
Donde el juego empieza a mostrar otra cara es en sus herramientas defensivas. El parry y, sobre todo, la posibilidad de intervenir con assists para cortar ataques o romper combos, generan un ida y vuelta constante. Las peleas no se desarman, pero tampoco se vuelven lineales. Hay un orden claro dentro de lo que, por momentos, podría parecer caótico.
El sistema 3v3 no es una elección azarosa, es el corazón del juego. Todo gira alrededor de la gestión del equipo, del cambio de personajes en el momento justo y del uso inteligente de los assists.
Esto no solo suma espectáculo, sino también una capa estratégica que no siempre es evidente en un primer momento. Saber cuándo entrar, cuándo salir y cuándo intervenir cambia completamente el desarrollo de una pelea. No es un caos descontrolado: es un sistema que exige entender tiempos, recursos y decisiones, y teniendo más de 18 personajes, las posibilidades de los equipos que armemos son más que interesantes.
Sin embargo, no todo lo que rodea a este sistema acompaña de la mejor manera. Hay problemas de usabilidad que rompen el flujo natural del juego, como la forma en la que se presentan los combos en la lista de movimientos. En lugar de asociarlos directamente a botones, el juego los traduce a términos abstractos, obligando al jugador a interpretar más de la cuenta, o tener que navegar entre varias pantallas para memorizar una secuencia. Es un detalle que termina pesando, especialmente en un género donde la claridad es fundamental.
Una base sólida que pide más
El modo historia deja bastante claro cuál es el enfoque del juego. Con una duración breve y una narrativa genérica, funciona más como una introducción al sistema de combate que como una experiencia en sí misma. Está lejos de los arcos narrativos que hicieron un blockbuster a la serie de Prime Video, pero cumple su función como punto de entrada.
A partir de ahí, el juego se apoya en la repetición de combates y en la progresión natural del jugador. Hay una curva de aprendizaje clara: las primeras peleas pueden exigir adaptación, pero con el tiempo todo empieza a encajar. No hace falta ser especialmente hábil para avanzar, pero sí lo es para competir en serio, especialmente en el online.
Y aun así, hay algo que termina quedando corto. En un juego que viene de un universo donde el exceso y la brutalidad son parte central de su identidad, los movimientos especiales cumplen, pero no terminan de impactar. Están bien, funcionan, pero rara vez generan esa secuencia visual que debería acompañar a este tipo de propuesta.
Conclusión
Invincible VS es un juego que tiene muy claro lo que quiere ser, pero que todavía está ajustando cómo serlo. Funciona bien, tiene identidad, respeta su universo y propone un sistema que, con el tiempo, muestra más de lo que parece en un primer contacto.
Es una experiencia que van a disfrutar tanto los fans de la serie como quienes buscan un fighting game accesible, especialmente en contextos multijugador donde el sistema realmente cobra vida. No parece un título pensado para sostenerse durante años, pero sí uno que, en su ventana inicial, puede ofrecer muy buenos momentos.
Porque al final, más allá de sus limitaciones, Invincible VS logra algo importante: entiende su mundo, entiende su sistema y, cuando todo eso se alinea, consigue ser exactamente lo que necesita ser, un juego de…
Invincible VS es un juego que tiene muy claro lo que quiere ser, pero que todavía está ajustando cómo serlo. Funciona bien, tiene identidad, respeta su universo y propone un sistema que, con el tiempo, muestra más de lo que parece en un primer contacto.
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