Team Ninja patea el tablero con NiOh 3 evolucionando la franquicia para transformarlo en un exponente indiscutido el mundo souls-like.

Para comprender la magnitud de lo que representa Nioh 3, es imperativo realizar un ejercicio de retrospectiva sobre el rastro de sangre, sudor y Ki que Team Ninja ha dejado en la última década. Desde que la primera entrega irrumpiera en 2017 como una alternativa visceral y técnica al dominio absoluto de FromSoftware, la saga Nioh tuvo la valentía de plantar bandera y tomar distancia del “Souls-like” genérico para abrazar una identidad propia: el masocore de alta velocidad. Tras experimentos valiosos y divisivos como Stranger of Paradise, Wo Long: Fallen Dynasty y el ambicioso pero técnicamente irregular Rise of the Ronin, el estudio japonés parece haber condensado todo su aprendizaje en esta tercera entrega.

Es en la experiencia, la prueba y error y las decisiones polémicas que hicieron de Team Ninja un estudio maduro y con decisiones creativas que ya marcan una identidad propia, con paralelismos muy similares a lo que construyó FromSoftware con su legado.

Nioh 3 no es solo una secuela; es la culminación de una filosofía de diseño que prioriza la respuesta inmediata de los controles y la profundidad casi infinita de sistemas RPG. En un mercado saturado de propuestas que intentan replicar la “fórmula Miyazaki”, Team Ninja se mantiene fiel a su herencia de Ninja Gaiden, entregando un producto que se siente como la versión definitiva de su propio camino. El juego llega en un momento de madurez para la actual generación de consolas, aprovechando el hardware para poner en pantalla combates que, por su complejidad rítmica y carga visual, habrían sido imposibles hace apenas unos años. La expectativa era alta, y el resultado es un testamento a la perseverancia de un estudio que sabe que su mayor virtud reside en el filo de la espada.

NiOh 3 también es una puerta de entrada para nuevos inquisidores en la franquicia, ya que su cambio de paradigma, la versatilidad de su jugabilidad y un combate que es sencillamente inolvidable, hacen que nos queramos convertir en cazadores de Yokai a los pocos minutos, en una aventura que va sumando capas de forman constante.

Cazando Yokai en un mundo abierto

Uno de los elementos distintivos de NiOh versus la competencia del género era el abandono total de un mapa completo para explorar para elabuorar un sistema de misiones en entornos semi lineales. Esto tenía un punto: enfatizar el combate y propicias una acción más directa y escalonada, algo que Team Ninja repitió en FF: Strangers of Paradise. Elogiado por algunos y criticados por otros, NiOh 3 rompe esos preceptos mediante la implementación de lo que el estudio denomina “Open Fields”. Y es impotante resaltar acá, que lejos de la mayoria de los mundos abiertos donde son extensioens kilométricas con actividades que se repiten y exploraciones con gusto a poco, las diferentes regiones están interconectadas y actúan como ecosistemas de exploración.

Este cambio estructural transforma por completo la experiencia de juego, el farmeo del personaje y cómo encaramos tanto la historia principal como las sidequests; y de esta forma la aventura ya no se siente fragmentada. Al explorar estas zonas que además cruzan diferentes líneas temporales y períodos históricos como el Edo, Sengoku, Heian y Bakumatsu, el jugador experimenta una sensación de descubrimiento constante. El diseño de estos mapas permite que cada “distrito” dentro de una región tenga su propio nivel de dificultad recomendado, incentivando al jugador a investigar cada rincón antes de avanzar hacia la siguiente zona.

Cada mapa cuenta con un sistema de “nivel de descubrimiento”. A medida que liberamos campamentos, encontramos Kodamas perdidos y derrotamos a maestros ocultos, desbloqueamos mejoras permanentes que afectan directamente las estadísticas de supervivencia de nuestro protagonista. Esta decisión de diseño hace que el farmeo de niveles y equipo se sienta menos como una tarea repetitiva y más como una consecuencia natural de la curiosidad. Las zonas de “purgatorio”, áreas corrompidas por los Yokai donde tenemos que sobrevivir a oleadas de enemigos mucho más agresivos y poderosos, actúan como las clásicas mazmorras lineales de la saga, pero integradas de forma magistral en el paisaje abierto. Es una simbiosis entre la libertad que pregona el juegos y los hábitos tradicionales de la franquicias que maridan de manera impecable, aunque en ocasiones el mapa pueda sentirse algo saturado de iconos, una herencia del estilo de diseño de mundo abierto más tradicional.

Una narrativa de traición, deber y tiempo

La historia de Nioh 3 nos sitúa en el año 1622, en el ocaso de la era Genna. Nos ponemos en la piel de Takechiyo Tokugawa, el heredero legítimo destinado a convertirse en el nuevo shogun. El conflicto estalla de forma inmediata cuando su hermano menor, Kunimatsu, consumido por la amargura y los celos, decide traicionar el linaje familiar. Aliado con hordas de Yokai malvados, Kunimatsu usurpa el trono en el castillo de Edo, obligando a Takechiyo al destierro.

Esta premisa, aunque arraigada a los clásicos del drama samurai, sirve como motor para una odisea que trasciende lo geográfico para volverse temporal. Gracias al poder de nuestro espíritu guardián, somos transportados al pasado para fortalecer nuestro vínculo con las artes del combate y entender el origen de la corrupción demoníaca. A diferencia de Nioh 2, donde el protagonista era un avatar silencioso y algo desdibujado, aquí Takechiyo tiene voz, nombre y un peso narrativo que se siente en cada cinemática. Esta decisión es necesaria también para hacer cohesivo el camino del héroe que recorre el personaje junto con los numerosos personajes secundarios.

La trama mezcla con elegancia sucesos históricos reales con el folclore más oscuro del sintoísmo. A lo largo de las más de 60 horas que puede durar la campaña principal (dependiendo de nuestra obsesión con las misiones secundarias), conoceremos a personajes que tienen una mayor profundidad que las anteriores entregas (un lastre  que Team Ninja nunca había podido subsanar), con actuaciones de voz que, en su versión japonesa original, se posicionan como lo mejor que logró el estudio hasta la fecha. Si bien su historia está llena de lugares comunes y los plot twist son un poco vacíos, la espectacularidad de sus universo y la impronta de toda su mitología logra generarnos algunos momentos alucinantes.

La dualidad del guerrero: intercalando entre Samurai y Ninja

Si el mundo abierto logra ser el esqueleto que sostiene a Nioh 3, su sistema de combate dual es el corazón que bombea nuestra necesidad de no soltar nunca el control. La posibilidad de cambiar instantáneamente entre el estilo Samurai y el estilo Ninja con tan solo pulsar un botón (R2 por defecto) es la evolución más significativa de la franquicia. No se trata de un simple cambio de postura; es una transmutación completa de nuestro kit de habilidades, animaciones y estrategia.

El Modo Samurai es la evolución perfeccionada de lo que los veteranos ya aman. Se basa en el control milimétrico del Ki (resistencia), las tres posturas de combate (Alta para daño masivo, Media para equilibrio y Baja para velocidad y defensa) y el uso de armas contundentes como katanas, odachis, hachas y lanzas. El Pulso de Ki sigue siendo la mecánica reina aquí, exigiendo una coordinación rítmica para recuperar energía tras cada combo y disipar la corrupción de los reinos oscuros creados por los Yokai.

El Modo Ninja es la forma en la que Team Ninja apostó por expandir la jugabilidad madre de la franquicia, con dos caras de la moneda muy palpable después de las primeras horas de juego. Al entrar en este modo, el personaje abandona la gestión del Ki y las posturas para abrazar una agilidad y destreza que cambia radicalmente la forma de jugar. El Ninja se apoya en el sigilo, la movilidad vertical y el uso extensivo de Ninjutsus. Tenemos shurikens, bombas, trampas de veneno, hechizos elementales y armas de golpe rápido como las tonfas, garras y espadas dobles. La gestión de la energía aquí es más similar a un juego de acción tradicional, permitiéndonos realizar dashes y esquives que consumen menos resistencia pero exigen una agresividad constante, ya que nuestras herramientas se recargan al infligir daño.

De esta forma, NiOh 3 abre sus posibilidades, permitiuendo gestionar dos inventarios y dos árboles de habilidades por separado. Podemos equipar una armadura pesada y placas de metal para nuestro modo Samurai, y un conjunto de telas ligeras y oscuras para el modo Ninja. Esta dualidad permite que, ante un jefe que parece impenetrable, podamos alternar entre ambos estilos para adaptarnos a sus fases de ataque. Es un sistema de una profundidad abrumadora, que premia al jugador que no se conforma con una sola estrategia y se atreve a bailar entre el acero y la sombra.

La contracara de esta versatilidad es que, sin lugar a dudas, jugar como el Ninja es mucho más placentero que abrirnos paso en Modo Samurai. Hay un repertorio de posibilidades mucho más extensivo en la facultades del Ninja, no solo por los ninjutsus sino porque también tiene un estilo mucho más elegante y por momentos más divertido. Por suerte, siempre estamos a un botón para cambiar de forma y muchas de habilidades que vamos desbloqueando nos ofrecen boosteos si cambiamos de forma perfecta los estilos durante el combate.

La fineza del combate

El combate en Nioh 3 es tan satisfactorio que te hace olvidar por momentos lo exigentes de su dificultad dificultad. Team Ninja mejoró notoriamente las colisiones y el hit-stop hasta un nivel de perfección casi absoluto (todavía lejos del standar que colocó Sekiro, pero hay un gran trabajo ejecutado). Cada impacto se siente en las manos gracias a la respuesta háptica del DualSense, diferenciando claramente el choque de dos katanas de la pesadez de un hacha golpeando un escudo.

Hablando de precisión, el juego hereda y mejora la mecánica de desvío de proyectos anteriores, permitiendo que casi cualquier ataque físico pueda ser contrarrestado con una ventana de tiempo muy estrecha pero justa. A esto se le suma el Counterattack Burst, una mecánica esencial para sobrevivir. Cuando un enemigo brilla con un aura roja, está a punto de desatar un ataque devastador e imbloqueable; solo un Contraataque Burst realizado en el momento exacto puede interrumpirlo, infligiendo un daño masivo a la guardia del oponente.

La integración de los Núcleos de Alma de los Yokai derrotados añade otra capa de personalización. Al equipar estos núcleos en nuestro “Onmyo Box”, ganamos acceso a habilidades mágicas y ataques especiales que utilizan el poder de los propios demonios que cazamos. A diferencia de las magias complejas de juegos pasados, aquí el sistema se ha simplificado para ser más dinámico: golpear genera energía, y la energía se gasta en estas invocaciones. El resultado es un flujo de combate agresivo donde el jugador siempre tiene herramientas para responder, siempre y cuando tenga la destreza necesaria para ejecutarlas bajo presión.

Nioh 3 es un juego inmensamente generoso, quizás hasta el punto de la saturación. Al recorrer sus campos abiertos, la cantidad de actividades disponibles es cada vez mayor. Tenemos campamentos enemigos que limpiar, pergaminos de desafío que nos transportan a arenas de combate, coleccionables Kodama que otorgan bendiciones en los santuarios y el regreso de los Scampuss, esos gatitos redondos que nos asisten en batalla.

La progresión se ramifica en múltiples frentes. Tenemos el nivel de personaje clásico, pero también niveles específicos de maestría para cada arma y para cada uno de los dos estilos principales. A esto se le suma un sistema de títulos que otorga pequeñas bonificaciones pasivas (como +1% de resistencia al fuego o +2 de ataque) que, aunque parezcan insignificantes de forma individual, al final del juego definen una build ganadora.

Esta diversificación de habilidaes, en donde incluso cada arma tiene su propio árbol, nos permite moldear al personaje (tanto Samurai como Ninja), de la forma que mejor se adapte a nuestro estilo de juego; estilo que podemos modificar en todo momento reasignando los puntos cuando creamos necesario.

Sin embargo, no podemos ignorar la “cara B” de esta abundancia: el sistema de loot. Siguiendo el camino de sus antecesores, Nioh 3 nos bombardea con una cantidad industrial de armas, armaduras y accesorios, al punto tal que termina generando un empacho de recursos. Tras cada enfrentamiento menor, nuestro inventario se llena de cascos, botas y espadas de distintos colores de rareza. Gestionar esto para dos estilos de combate (Samurai y Ninja) puede volverse una tarea tediosa que nos obliga a pasar demasiado tiempo en los menús comparando porcentajes mínimos de daño. Si bien existe la opción de “auto-equipar lo mejor”, los jugadores más exigentes se encontrarán sumergidos en una hoja de cálculo mental que puede llegar a agotar. Es el precio a pagar por una personalización que permite que no existan dos jugadores con el mismo estilo de juego.

Un bestiario que no se olvida de las anteriores entregas

Uno de los puntos donde Nioh 3 saca pecho es en su diseño de enemigos y jefes finales. El bestiario es una mezcla fascinante de samuráis humanos altamente técnicos y criaturas de pesadilla extraídas directamente de las leyendas japonesas. Si bien hay un porcentaje de enemigos reciclados de entregas anteriores, las nuevas incorporaciones son visual y mecánicamente espectaculares.

Los jefes finales son, como un sello de la casa, el plato fuerte. Cada uno de estos encuentros ha sido diseñado como un rompecabezas de ritmo, con un show espectacular de movimientos, luces y parafernaia. Exigen que el jugador aprenda sus patrones, gestione sus espacios y sepa cuándo es el momento de usar el estilo Ninja para la movilidad o el Samurai para la defensa. Mención especial merece la mecánica del “Crisol” (The Crucible), zonas de pesadilla donde los enemigos son mucho más agresivos y donde cualquier golpe recibido reduce de forma permanente nuestra salud máxima hasta que logremos golpear de vuelta. Esta “corrosión de vida” eleva la tensión de los jefes a niveles que pondrán a prueba la paciencia de cualquier veterano. La sensación de alivio y triunfo al ver caer a uno de estos colosos tras veinte intentos fallidos sigue siendo, sin duda, la droga más potente que ofrece este género.

Un punto importante es que la dificultad, exigente como cualquier souls-like, abraza las posibilidades que el mismo juego otorga y ningún jefe o enfrentamiento se siente insuperable: es cuestión de aprender los patrones, encontrar sus puntos débiles y aplicar todo lo aprendido para salir airosos del combate: en pocas palabras, los mandamientos fundamentales de supervivencia en un souls-like.

En el apartado técnico, Nioh 3 es un juego de contrastes. El Katana Engine demuestra su potencia en los efectos de partículas (chispas saltando de los aceros, sangre salpicando el barro y magias elementales iluminando la noche) que inundan la pantalla en cada pelea frenética. El diseño artístico es soberbio, especialmente en los escenarios del pasado y las zonas de Purgatorio, donde el uso del color y la iluminación crean una atmósfera opresiva y hermosa a la vez.

Sin embargo el juego muestra algunas costuras. La transición al mundo abierto ha traído consigo problemas de pop-ins cuando corremos a gran velocidad. En PS5 base, el modo rendimiento es el único camino viable: jugar a 60 FPS es una necesidad absoluta para un título que exige esta precisión. El modo calidad, que apunta a los 4K nativos a 30 FPS, sufre de un frame-pacing inconsistente que hace que la imagen parezca vibrar y nos saca de un cachcetazo sobre toda la inmersión que logra el juego.

El diseño sonoro, por su parte, es de una calidad incontestable. El sonido de los choques de metal tiene un peso físico real, y la banda sonora sabe cuándo pasar a un segundo plano para dejar que la tensión hable y cuándo estallar en una épica orquestal durante los jefes.

Conclusión

Nioh 3 es la evolución natural y necesaria de una fórmula que ya era excelente. Team Ninja no ha intentado reinventar la rueda, sino que la ha forjado en acero. Al abrazar la libertad de los mundos abiertos y la dualidad técnica del estilo Samurai/Ninja, el estudio logró que la saga se sienta fresca, moderna y, sobre todo, más profunda que nunca sin poner sobre la mesa ningún precepto nuevo. Una ilusión misma de la cual Team Ninja se siente orgullosa.

Es cierto que arrastra algunos vicios del pasado: un sistema de looteo que puede resultar abrumador, un reciclaje de animaciones que delata sus límites presupuestarios y algunas irregularidades técnicas propias de un motor gráfico que empieza a sentir el peso de los años. Pero cuando estás en medio de un combate, alternando entre estilos, esquivando un golpe mortal por milímetros y ejecutando una técnica final devastadora, nada de eso importa.

Nioh 3 es un juego exigente que no pide perdón por su dificultad, pero que a cambio ofrece una de las experiencias de combate más gratificantes y ricas de la historia reciente de los videojuegos. Es la culminación de una trilogía y, posiblemente, el mejor trabajo de Team Ninja hasta la fecha. Un viaje épico a través del tiempo y las criaturas mitológicas.

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Nioh 3 es la evolución natural y necesaria de una fórmula que ya era excelente. Team Ninja no ha intentado reinventar la rueda, sino que la ha forjado en acero. Al abrazar la libertad de los mundos abiertos y la dualidad técnica del estilo Samurai/Ninja, el estudio logró que la saga se sienta fresca, moderna y, sobre todo, más profunda que nunca sin poner sobre la mesa ningún precepto nuevo. Una ilusión misma de la cual Team Ninja se siente orgullosa.

Es cierto que arrastra algunos vicios del pasado: un sistema de looteo que puede resultar abrumador, un reciclaje de animaciones que delata sus límites presupuestarios y algunas irregularidades técnicas propias de un motor gráfico que empieza a sentir el peso de los años. Pero cuando estás en medio de un combate, alternando entre estilos, esquivando un golpe mortal por milímetros y ejecutando una técnica final devastadora, nada de eso importa.

Es un juego exigente que no pide perdón por su dificultad, pero que a cambio ofrece una de las experiencias de combate más gratificantes y ricas de la historia reciente de los videojuegos. Es la culminación de una trilogía y, posiblemente, el mejor trabajo de Team Ninja hasta la fecha. Un viaje épico a través del tiempo y las criaturas mitológicas.

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De chico soñaba con ser un Jedi. De grande también.

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