Parte de la mítica época de Gamecube, Paper Mario: The Thousand-Year Door llega a Nintendo Switch para enamorar (o reenamorar) a todo el fandom del fontanero.
Como un joven que creció en los años ’90/2000, las consolas de Nintendo se encontraban en un pedestal lejano, solo disponibles para jugar un ratito en alguna juguetería de un shopping una tarde de sábado. En una de esas rondas de 10/15 minutos que mi mamá autorizaba mientras paseaba por algún local, probé por primera vez un Paper Mario allá por 2004, acompañado de uno de los joysticks más curiosos que conocí. Hoy, 20 años después de esa tarde de sábado, me di el gusto de jugar un poquito más de esos 15 minutos permitidos a la remake de Paper Mario: The Thousand-Year Door.
Paper Mario: The Thousand-Year Door es un RPG como pocos, único me animo a decir, dentro de la franquicia del fontanero italiano que se ciñe a los ancestrales elementos del origami (que la RAE la describie como Arte y habilidad de dar a un trozo de papel, doblando convenientemente, la forma de determinados seres u objetos) para compaginar una aventura increíble y longeva, sobre todo para lo que son las duraciones promedio de los últimos juegos de Mario.
Primer pliego: Desembarcando en Rogueport
Paper Mario: The Thousand-Year Door lleva a nuestro protagonista bigotudo al distante pueblo de Rogueport, un reino costero plagado de personajes de dudosa procedencia e intenciones, y es además testigo de la misteriosa desaparición de la Princesa Peach. Mario, convocado por la rubia vestida de rosa para ayudarla en la búsqueda de un tesoro, llega al pueblo solo para descubrir que Peach no está. Con la ayuda de un mapa que ella le envió por correo y varios amigos que hará en el camino, deberá no solo encontrar el tesoro misterioso, sino también a la gobernante del Reino Champiñón.
Desde el vamos, el juego explica que hay una relación directa entre el tesoro que buscamos, el cual se relaciona con la Puerta Milenaria ubicada en las profundidades de Rogueport, y la desaparición de Peach, por lo que iremos avanzando por los 8 capítulos que componen la historia en busca de los Crystal Stars que funcionan como una suerte de llave para la legendaria puerta.
Para conseguir estos objetos mágicos vamos a tener que pensar y usar el ingenio en bastantes oportunidades. Paper Mario: The Thousand-Year Door está no solo cargado de combates tácticos que ya explicaré más adelante, sino también de puzzles únicos que combinan distintas técnicas especiales que se debsloquean a medida que la historia progresa. Es clave estar abierto a todas las posibilidades cuando nos topamos con uno de estos desafíos, aunque el juego es bastante claro y da bastantes indicaciones sobre qué hacer en cada situación. Además, estas pistas que nos cruzamos no siempre desembocan en acciones que podemos realizar en la primera vez, al mejor estilo Metroidvania regresaremos sobre nuestros pasos una vez que hayamos conseguido determinado skill para poder acceder a cierta recompensa u objeto oculto del mapa.
Sin embargo, la crème de la crème en esta aventura son los bosses. Cada uno de los jefes finales de los escenarios que compone el juego presenta un desafío más que entretenido. No basta con enfrentarlo ataque tras ataque, es necesario idear una estrategia, elegir sabiamente que compañero te acompañará a la batalla y equiparse con items efectivos para dicha lucha. Los objetos que podamos encontrar en el mapa son clave, pero también los que podamos comprar en las tiendas de cada pueblo que visitemos. Es fundamental entender que las monedas que tenemos están para gastarlas, no para ahorrarlas.
Segundo pliego: Un RPG táctico, con una vuelta de tuerca
Paper Mario: The Thousand-Year Door es una de las contadas incursiones del fontanero en este sub-género, sin embargo tras dedicarle un par de decenas de horas al título uno se pregunta porque no lo hace más a menudo. Pese a que la progresión del personaje es bastante sencilla y lineal, cada subida de nivel nos permite mejorar uno de tres atributos, los cuales no son individuales sino que afectan a la party entera, es decir, si mejoro 5 corazones mi salud no solo impacta a Mario sino a cada uno de los amigos que hacemos en el camino.
Este juego cuenta con una amplia variedad de objetos, mezcla de reversiones de clásicos elementos de la saga como la flor o el honguito, o bien items 100% originales como las badges. Estas badges, o medallas, funcionan como potenciadores, que al tenerlas equipadas nos dan alguna nueva habilidad o boosteo de una existente. Obviamente vamos a tener muchas más de estas badges que slots disponibles, por lo cual vamos a tener que ir alternando entre ellas según la necesidad y momento del título.
Con respecto al combate, Paper Mario: The Thousand-Year Door tiene un sistema bastante curioso que combina varios elementos para traer una propuesta familiar para quienes maman los RPG Tácticos, pero con algunas vueltas de tuerca que hacen del título algo más complejo que elegir el ataque y confiar que saldrá bien. En el caso de este juego, luego de elegir el golpe que daremos debemos de realizar una acción puntual para activar el potenciador del mismo, esta puede ser soltar el gatillo en un momento exacto, hacer doble-tap en el momento del impacto o lo que sea que corresponda a la técnica y personaje elegido.
Además, el combate está modelado como si fuese una obra de teatro, es decir hay una audiencia que es espectadora de lo que ocurre en la lucha. Mientras más precisos sean nuestros golpeas la audiencia más nos vitoreará y permitirá que acumulemos energía, la cual necesitamos para las técnicas especiales. En cambio, si fallamos el comando de nuestro golpe, la audiencia irá abandonando el escenario, que no permitirá que sumemos la energía necesaria y la lucha podría complicarse más de la cuenta.
Por otro lado, el escenario juega una parte fundamental en las luchas. Utilizando golpes fuertes se puede hacer caer parte de la escenografía sobre nuestros enemigos, lo cual inflige una buena cantidad de daño y lo hace de forma masiva, afectando a todos los que estén en el radio del objeto a tirar. Peeeeero, hay que ser inteligente y prestar atención, ya que así como podemos atacar con eso, si la misma está posicionada sobre nosotros puede tranquilamente caer sobre nuestra party provocando un gran daño. Por último también hay que estar atentos a la multitud, ya que entre los espectadores se puede esconder un infiltrado que si no sacamos apretando “Y” podrá tirarnos algún objeto para lastimarnos.
Tercer pliego: un mundo de papel
No es la primera vez que la empresa japonesa trae a la modernidad algún clásico y siempre lo hace bajo los más altos estándares de excelencia. Más allá de algunos juegos que han envejecido mal, cuando Nintendo remasteriza uno de sus juegos, da la constante sensación de que estamos probando un juego nuevo, no hace nada a media máquina.
El mundo de Rogueport y los demás pueblos que visita Mario están completamente diseñado como si fuese una animación de un cuento. Las interacciones con el entorno e incluso entrar a las casas del pueblo, todo tiene un diseño centrado en el pliegue de papel como así también lo tienen los personajes que oscilan en sus dos dimensiones moviéndose en un mundo 3D, lo cual da una sensación fantástica de que cualquier cosa puede pasar en el mapa. Es una dualidad muy bien manejada.
Las dinámicas con el entorno están muy bien cuidadas, y sin la necesidad de guiar con un HUD complejo, el juego ofrece una progresión recontra intuitiva la cual sin apuntar con el dedo te deja entender en todo momento hacia donde ir. Todo en Paper Mario está hecho apto para todo el público, no te va a ofrecer nada muy complejo pero a su vez te va a dar horas de diversión, definitivamente es un RPG super familiar que puede atrapar a los roleros de años, así como también a los más chicos que se topan con el género por primera vez.
Conclusión
Paper Mario: The Thousand-Year Door es una de las grandes aventuras de todos los tiempos en la carrera del fontanero. Hace pocos meses se comprobó con la remake de Super Mario RPG y en 2020 de la mano de Origami King, pero la faceta rolera le sienta muy bien a esta franquicia que a cada paso que da destila amor.
El combate sin ser una oda a la complejidad tiene sus buenas vueltas que nos mantienen atento y no permiten que juguemos en piloto automático. La toma de decisiones en la lucha y el combate contra los infiltrados son puro entretenimiento, aunque como bien mencioné antes la frutilla del postre son las batallas con los bosses, unos jefes que pueden hacernos transpirar por momentos debido a su gran cantidad de vida.
Ojalá, con esta remasterización culminada, Nintendo vea que hay lugar en el fandom moderno para más Paper Mario y quien dice para la sucesora de la Switch tengamos una nueva aventura de esta franquicia.
Sin ser el RPG más complejo, difícil o profundo de la historia, Paper Mario: The Thousand-Year Door ofrece una versión rolera del fontanero más que entretenida. Espectacular desde lo visual y con un desafío aceptable para un juego apto para todo el mundo, terminamos ante una aventura que pide a gritos más iteraciones de este tipo para el bigotudo protagonista.
