Tekken 8 mueve hacia adelante la franquicia remarcando su estilo agresivo de combate, un roster extenso y más opciones para todo tipo de jugadores.
No decimos nada nuevo cuando afirmamos que los fighting games están atravesando una nueva época de oro, comandada por los grandes caudillos del género que, en los últimos 24 meses, lanzaron nuevas entregas aprovechando en gran parte el potencial de la actual generación de consolas. Street Fighter VI, Mortal Kombat 1, The King of Fighters XV y Guilty Gear Strive son los ejemplos que refuerzan la afirmación anterior; y 2024 suma un exponente más a esta lista, un viejo conocido de la industria que desde hace casi 10 años no lanzaba un nuevo juego.
Por suerte, Tekken 8 tiene los elementos suficientes para subirse al ring y competirle a cualquiera dentro del género. Es una evolución sustancial de lo que ofreció Tekken 7 en cuanto a calidad y dimensión de los contenidos, pero también con el lugar suficiente para animarse a probar algunos cambios dentro de las mecánicas; aunque en cuestiones de accesiblidad para jugadores casuales puede estar un poco lejos de su competencia.
Que el ritmo de las peleas no pare
El espíritu de Tekken siempre estuvo atado al frenesí de las peleas: ese ímpetu claro de no dejar pensar al rival con el fin de acercarte golpes y poder encadenar combos. Esa esencia Tekken 8 la respira, la medita y la devuelve con nuevas posibilidades dentro del combate.
Es importante para este análisis comenzar de esta forma: de adentro de las peleas hacia afuera, porque independientemente de qué modo transitemos, Tekken 8 regala un sistema de combate realmente espectacular. La fluidez de los controles se transmite en todo lo que podemos hacer dentro del combate: la combinación de combos, la ejecución de los agarres especiales, la mezcla de golpes en tierra con golpes aéreos y nuestra interacción con el entorno para maximizar los daños transforman los rounds en un desfile de golpes y patadas en la que no te podés descuidar.
Si lo comparamos con SF VI o Mortal Kombat 1, Tekken 8 tiene un lapso menor en la pausa y estrategia. No es que se prescinda de saber cuándo y como golpear, pero el juego invita a que no dejemos pensar al rival, aprovechando tanto las habilidades de nuestro luchador, el entorno y el uso estratégico de la barra Heat, la flamante incorporación de esta entrega.
¿De qué va el Sistema Heat? Es una barra adicional que tiene nuestro luchador, que se puede usar una vez por round y que se recarga en el siguiente. Es un estado de gracia que tiene una duración de 10 segundos y se puede activar tanto apretando un botón como enhebrando justo un combo de forma puntual. Esta ventana de potencianción ofrece diferentes: romper bloqueos rivales, potenciar el combo, aumentar la agresividad de nuestros ataques performando técnicas únicas, pero también sirve para detener una embestida rival y poder contraatacar.
El sistema Heat se introduce con el fin de patear el tablero radicalmente en la estructura de cada round y que al mismo tiempo, instala un factor rutilante de estrategia ante la verticalidad imperiosa de su sistema pelea. Si ya la curva de aprendizaje en Tekken como franquicia era exigente, la implementación de este sistema divide las aguas entre los que juegan de forma casual y lo que están uno o más escalones arriba. A no confundirse: el sistema Heat no pretende romper el combate de la franquicia sino a darle un plus de profundidad, un intento de marca diferencial dentro de la competencia que, cuando lo empezás a usar correctamente, cambia por completo tu manera de jugar.
En cuanto al roster, Tekken 8 arranca muy generoso: 32 luchadores en un mix 85/15 entre caras conocidas y nuevos personajes. Reina, Azucena Milagros Ortiz Castillo y Victor Chevalier, que vienen a marcar todavía más diversidad a un roster que tiene su propio adn marcado a fuego.
Kazuya, Jin, King, Kuma, Yoshimitsy, Feng, Leo, Steve, Azuna, o Panda son solo algunos ejemplos de este legado de la franquicia, que comenzó con un roster de 8 personajes y se fue ampliando/modificando con el correr de los años. Obviamente que esta base de 32 ya tiene fecha de caducidad, porque llegarán más personajes con el paso de los meses, con un número total que podrían superar los 42 contendientes.
En cuanto a las opciones jugables, Bandai Namco tomó nota tanto de las críticas de su comunidad pero también de lo que hizo la competencia, con un denominador común claro: ofrecer variedad tanto para su vertiente online como offline. Su “modo historia” comienza a encasillarse dentro de estas narrativas con buena cantidad de cinemáticas intercaladas con peleas, un sello que venimos viendo hace más de 15 años con Mortal Kombat y que sus competidores tratan de adaptarlo a su tono y estilo. La narrativa toma punto de partida sobre los eventos de Tekken 7 y la ausencia del histórico Heihachi. No vamos a negar que su desarrollo cruza por varios kilometros la línea del delirio cósmico, pero que termina funcionando para darle un desarrollo más pronunciado a los protagonistas, planteando a Kazuya como ese antagonista de película clase B con un tintes maquiavélicos sorprendentes. Es ganchera, tiene ritmo y, por más que no conozcas el lore de Tekken, te subís muy rápido al barco.
Si venís abrazando esta franquicia desde las entregas anteriores, hay una diferencia narrativa al momento de marcar la cancha en sus principales protagonistas, con varios guiños a toda su historia pero también para colocar esos momentos de épica en el momento correcto. Tekken siempre fue, lisa y llanamente, un verdadero delirio, pero entre toda su locura fantasiosa hay un golpe de efecto en varias decisiones que termina con un producto muy redondo y especial para la saga.
El modo arcade vuelve a decir presente, con pequeños arcos narrativos para cada uno de los luchadores y que funciona para darle rienda suelta a una hilera de peleas contra la máquina usando un mismo personaje. Tiene desbloqueables en cuanto a cinemáticas, y busca darle una vuelta de tuerca para que cada uno de los personajes tenga su minuto de fama dentro del Torneo Marcial más importante del mundo y ser el Rey del Puño de Hierro.
La vuelta de Tekken Ball es quizás una de las cosas más celebradas por los fans acérrimos. El histórico pseudo volley de Tekken 3 vuelve renovado y es un mini game mucho más atractivo de lo que puede presuponer en una primera mirada: no por nada siempre estuvo en consideración como lo el minijuego favorito del fandom.
Dentro de la “disrupción” en los modos de juego, encontramos Misión arcade, uno de las aristas más innovadoras dentro de Tekken (no así tanto en otros juegos de pelea). Este modo nos pone en la piel de un personaje (avatar creado por nosotros) que justamente concurre a salones de árcade para tener enfrentamientos y peleas contra otros colegas.
Es un modo que viene a funcionar como puente entre novatos y profesionales, porque cada una de las mecánicas que ofrece Tekken 8 están camufladas en estos desafíos, casi como tutoriales escondidos, donde podremos pelear contra distintas variantes de luchadores, con condiciones y modificaciones especiales. Y acá, también encerrado, hay un elemento que, de cierta forma, eleva la vara de hacia dónde se dirige el norte de los fighting games: la inteligencia artificial toma una mayor relevancia para conocer el comportamiento de nuestros movimientos y que los enfrentamientos tenga una escala de desafío real, para que nunca se sienta ni muy accesible ni imposible.
A nivel audiovisual, Unreal Engine 5 comienza a ser moneda corriente dentro del la actual generación de consolas y Tekken 8 aprovecha mucho de este motor. Es un juego de pelea que sube rápido al podio de los mejores exponentes y en el apartado gráfico es alucinante. El montaje de los escenarios, el nivel de detalle de los luchadores pero también el nivel de personalización que ofrece la customización de personajes y avatares.
Una de las cosas que más impacta es como el hud, las habilidades especiales y los destellos lumínicos conviven perfectamente con el desarrollo de la pelea, sin entorpecer ni distraer nada de lo que suceda entre esa lluvia de golpes de puño, patadas, cabezazos y más.
Conclusión
Tardó en llegar pero la espera valió la pena. Tekken 8 termina de conformar la triqueta perfecta de los fighting games actuales y, junto a SF 6 y MK 1, marca la cancha para hacer mover el género hacia adelante.
Tekken no traiciona su adn y cada una de las incorporaciones que hace son en pos de ofrecer un sistema de combate veloz, inteligente y táctico al mismo tiempo, con la inclusión del sistema Heat como frutilla del poste.
Los modos online cobrarán cada vez mayor relevancia en la industria con el paso de los meses y su inclusión en las competencias internacionales (Tekken 7 continuó como plato fuerte en la EVO del año pasado y en otros torneos a nivel mundial).
Tekken 8 es efusividad, histrionísimo, demencia absoluta, pero por sobre todas las cosas un juego que entiende como complacer a los amantes del género.
ardó en llegar pero la espera valió la pena. Tekken 8 termina de conformar la triqueta perfecta de los fighting games actuales y, junto a SF 6 y MK 1, marca la cancha para hacer mover el género hacia adelante.
Tekken no traiciona su adn y cada una de las incorporaciones que hace son en pos de ofrecer un sistema de combate veloz, inteligente y táctico al mismo tiempo, con la inclusión del sistema Heat como frutilla del poste.
Los modos online cobrarán cada vez mayor relevancia en la industria con el paso de los meses y su inclusión en las competencias internacionales (Tekken 7 continuó como plato fuerte en la EVO del año pasado y en otros torneos a nivel mundial).
