Rooney Mara es María Magdalena y Joaquin Phoenix es Jesús en esta nueva versión de la historia del Nuevo Testamento.
Por regla general no me permito leer otras críticas antes de escribir, pero en este caso me llamó la atención que una película que me gustó tanto como María Magdalena fuera castigada con un 39 podrido en Rotten Tomatoes. Coincidieron los escritores mejor puntuados en etiquetar el film de vacío, de deambular sin saber bien que quiere contar.
Pero es una inspección más detallada se puede encontrar entre esta mayoría de críticas negativas, que por lo demás están escritas exclusivamente por por hombres, la reseña de MaryAnn Johanson. Ella elogia a la película como “ferozmente feminista”, y es que el hermoso film de Garth Davis solo puede ser apreciado en esta sintonía. Esta es una historia de una mujer, o una historia vista a través de los ojos de mujer. Más raro aún, casi un oximorón, es una película feminista que ofrece un relato revisionista del pasado bíblico.
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No hace falta sinopsis para la trama, que incluso quienes se rateaban de catequesis conocen. En este caso, el film comienza introduciéndonos en la vida de María días antes de que cruzara su camino con Jesús de Nazareth, en una pequeña aldea de pescadores judía llamada Magdala en la periferia semita del Imperio Romano. Una vez que ella toma la decisión de dejar atrás su familia y unirse al “maestro”, la historia sigue el derrotero marcado por la Biblia, desde el milagro de Lázaro hasta la crucifixión y posterior resurrección.
En cuanto a puesta en escena de la historia de Jesús, lo más interesante del film es como presenta el disenso entre los apóstoles, las diferentes interpretaciones que ellos hacían de las abstractas enseñanzas del “rabi”. Para Pedro, un como siempre excelente Chiwetel Ejiofor, el “reino prometido” tomaba la forma de liberación del pueblo judío del yugo romano. Casi una revolución.
Judas (Tahar Rahim), en cambio, entendía las palabras del “maestro” de manera más literal, y ansiaba el día en que su amada familia se levantara de la tumba para volver a acompañarlo. Justamente en un intento de forzar la llegada de este “reino”, donde los vivos se reencuentran con los muertos, es que el apostol entrega a su “maestro” a los romanos.
Joaquin Phoenix ofrece un Jesús más harapiento y humano de lo usual. Un tanto distante pero gentil, quien camina como si viviera en ensueños, y sufre bajo el peso del mandato que afirma Dios le ha dado. Si las secuencias que lo capturan disertando ante los judíos de Galilea, con sus enseñanzas tan seductoras como crípticas, funcionan es gracias a ese extraño carisma que tiene el actor.
Mas antes que la historia de Jesús esta es la historia de María Magdalena, interpretada con poderosa convicción por Rooney Mara. A pesar de contar con un director hombre, la película captura a la perfección la experiencia de María, cortesía del guión de Helen Edmundson y Philippa Goslett. En las primeras escenas, que los críticos encontraron vacías, nos interiorizamos en el quehacer de una mujer judía del siglo I. Los detalles históricos son cuidados y esto le da mas poder al mensaje del film. En lo particular, nunca había notado que las mujeres judías de entonces debían tener la cabeza cubierta todo el tiempo, así como hoy lo hacen aquellas que practican el Islam.
“Las mujeres no son dueñas de ellas mismas”, le dice con justa causa una esposa a Jesús en las afueras de Jerusalem “sino que son propiedad de sus padres o maridos”. Las mujeres como María trabajan todo el día tejiendo las redes y pescando, mientas los hombres pueden ir a escuchar las enseñanzas del “maestro”. Las mujeres como María son casadas para el beneplácito de los hombres de su casa. Las mujeres como María no pueden salir de sus casas de noche, ni si quiera para ir al templo a rezar, so pena de traer “vergüenza” a la familia. Las mujeres como María son sometidas a un exorcismo si tiene dudas acerca de la vida que los hombres le quieren imponer.
Cuando ella elije bautizarse y seguir a Jesús, hasta los apóstoles dudan que sea una buena idea, no vaya a ser que se los juzgara por tener una mujer entre ellos. Incluso el mismo Jesús, cuando decide impartir sus enseñanzas entre las lavanderas de una ciudad apelado por su nueva discípula, debe preguntarle a María Magdalena que enseñarle a las mujeres. A lo que ella responde, “lo mismo que a los hombres ¿O acaso somos diferentes?”.
El film no solo desestima la interpretación medieval que imaginó a la joven María como una prostituta, sino que la propone como un apóstol protagonista. Es ella, en una apabullante escena donde le trae alivio a todo un pueblo que muere de hambre tras que los romanos se llevaron su grano, quien mejor interpreta el mensaje de misericordia y entrega que predica el “maestro”.
La luminosa cinematografía de Greig Fraser resalta el poder de las palabras de Jesús al encuadrarlas contra la sencillez y desolación del desierto de Galilea y la imponencia de las murallas de Jerusalem. La despojada puesta parece mostrarnos por primera vez como se veía en realidad ese mundo del siglo I, lejos de los brillos agregados por cientos de años de reinterpretación. En un mundo tan despojado y cruel, tan naturalmente bello, donde la vida es a menudo un castigo, el mensaje profético tiene otro cariz que el que podría tener hoy, recitado de memoria en una iglesia opulenta.
La gran labor musical de la chelista Hildur Gunnardottir y el recientemente fallecido Jóhann Jóhannsson no hace más que sumar emoción a las escenas. En la que es su última banda sonora completa (murió trabajando en Christopher Robin para Disney), Jóhannsson deja sonidos atmosféricas, como a la que nos tiene acostumbrados, que en los momentos de tensión dramática dejan lugar a la melodía de las cuerdas de Gunnardottir
Acaso el único problema que podría señalar en la película es acerca del casting de blancos en roles semitas. Si bien creo que en algunas ocasiones los debates acerca de “white washing” pueden tornarse un poco absurdos, no hay un género donde sea más necesario respetar la etnia de los personajes que en las películas bíblicas. Si bien es difícil elevar esta queja luego de ver la actuación de Mara o Phoenix, se debe dejar de alimentar la fantasía de los cristianos gordos de Texas de que Jesús era rubio de ojos claros como ellos. (Aunque lamentablemente en Estados Unidos el estreno de la película a quedado en el limbo, debido a que iba a ser distribuida por la empresa de Harvey Weinstein).
Al final, luego de un Calvario por suerte abreviado, son María de Magdala y las mujeres en torno a Jesús las únicas que comprendieron en su mensaje que el “reino nuevo” no era literal, sino un llamado a amar, perdonar y comenzar a cambiar el mundo cambiándose a ellas mismas. Los hombres como Pedro, mientra tanto, estaban demasiado ocupados planeando construir una religión con sus iglesias, para seguir esperando un final del mundo que más de dos mil años luego todavía no llego.



